389. Homenaje a la Reconquista de Jerez

20 07 2013
Alfonso X El Sabio

Alfonso X El Sabio

Jerez conmemorará el 750 aniversario de su incorporación a la Corona de Castilla durante todo un año y con un amplio programa de actividades.Se ha presentado a la sociedad jerezana, en Los Claustros de Santo Domingo, el avance de la programación, que incluye más de 50 actividades

El Ayuntamiento y la Comisión Organizadora del evento se han basado en la cultura, como factor de desarrollo económico y con el objetivo de que los jerezanos conozcan su historia

La alcaldesa, María José García-Pelayo, junto al delegado de Turismo, Cultura y Fiestas, Antonio Real, el concejal responsable del Plan Especial de Promociones Culturales, Antonio Montero, y el Comisario del 750 aniversario, Manuel Antonio García Paz, han presentado a los medios el avance del programa de actividades del 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla.

Al acto de presentación a los medios han asistido también, la delegada de Educación y Juventud, Lidia Menacho, y el delegado de Impulso Económico, Francisco Cáliz así como miembros de la Comisión Organizadora del 750 aniversario, integrada por la Diputación Provincial de Cádiz, el Obispado, la UCA, la Academia de San Dionisio, el Centro de Estudios Históricos de Jerez, la Fundación Caballero Bonald, la Fundación González Byass, y el Ayuntamiento.

La primera edil ha comenzado su intervención agradeciendo a todos ellos su colaboración, así como el trabajo y el esfuerzo desarrollado durante un año y medio, que ha permitido hoy presentar este avance de programación

La alcaldesa ha recordado que “cuando comenzamos la legislatura, partió desde la Delegación de Turismo, Cultura y Fiestas, la idea de conmemorar, en el año 2014, los 750 años de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla. Después de un año y medio de intenso trabajo, esta noche presentaremos en los Claustros de Santo Domingo un avance de lo que será la programación de este importante evento, en el que se incluyen más de 50 actividades divididas en ocho bloques temáticos, que se encargarán de detallar ahora los delegados implicados en el evento”, y ha añadido: “digo un avance porque se trata de una programación abierta a la incorporación de propuestas, que serán analizadas en el seno de la comisión organizadora, con un alto nivel técnico”.

María José García-Pelayo ha explicado que “el año 2014, será un año especial, en el que celebraremos que a partir del 9 de octubre de 1264, día de nuestro patrón San Dionisio, la ciudad se vinculó definitivamente a la Corona de Castilla de Ia mano del entonces rey, Alfonso X el Sabio, y se proclamó a San Dionisio patrón de la ciudad. Jerez abrazó desde entonces, una realidad política, administrativa y religiosa que es la que nos ha marcado”.

Por ello, ha continuado la alcaldesa: “en esta celebración queremos que sea motivo para promover valores integradores, incidiendo en la tolerancia y respeto a otras formas de pensamiento, potenciando el diálogo y el encuentro entre las tres culturas en el contexto de una cita histórica y de un evento multicultural que pretende ser un reflejo de lo que ha supuesto el paso de distintas culturas y civilizaciones a lo largo de la historia de Jerez”. En definitiva, ha resumido García-Pelayo “pretendemos que el 2014 sea un año integrador desde el reconocimiento de nuestra historia”.

Con estas premisas, la alcaldesa ha manifestado que “el programa está dirigido en dos direcciones: de una parte, a que los jerezanos conozcan y sean conscientes de la importancia de esta efeméride histórica y de su patrimonio cultural; y al mismo tiempo, el 750 aniversario se incluye en el calendario de eventos de la ciudad como una fuente generadora de empleo y riqueza, a través de la industria turística. Es decir, que este acontecimiento y el programa de actividades, supone una inversión pero también un retorno para la ciudad”.

García-Pelayo ha considerado que “la promoción del evento es clave, y la hemos enfocado en dos vertientes: al hecho histórico en sí, al rico legado patrimonial –que nos sitúa, según los expertos, entre las mejores ciudades de España-, pero también al Jerez Moderno y al patrimonio actual”.

En este sentido, la alcaldesa se ha referido al video promocional que hoy se ha presentado, la web específica del 750 aniversario, ambas iniciativas en dos idiomas, la colocación de una reproducción del Pendón de la ciudad en la torre Octogonal del Alcázar o Merchandising.

Igualmente, ha adelantado que el próximo 9 de noviembre de este año, el Sorteo Nacional de Loterías estará dedicado a esta efeméride. No solo aparecerá Jerez y el 750 aniversario en el boleto o participación emitido por la Delegación de Loterías y Apuestas del Estado, sino que el sorteo del 9 de noviembre se celebrará en Los Museos de La Atalaya. El Día de la provincia, el 19 de marzo de 2014, se celebrará también en Jerez, en este mismo escenario, los Museos de La Atalaya. La ONCE dedicará el cupón del 9 de octubre de 2014, día que concluye el programa de actos, al evento; y Correos nos dedicará un sello en 2014, y solo tenemos pendiente de concretar la fecha de su puesta en circulación.

Seguidamente, Antonio Real ha ofrecido algunos detalles de la programación y ha declarado “vamos a dinamizar la ciudad y a llenarla de actividades específicas del 750 aniversario, para que los jerezanos y todos los que nos visiten conozcan la efeméride que estamos celebrando y participen de ella”.

Asimismo, ha destacado “ambientaremos la ciudad para que se respire el 750 aniversario por todos los rincones y, por supuesto, no solo en el Jerez urbano, también trasladaremos el espíritu del 750 aniversario a las barriadas rurales y entidades locales menores a través de una exposición y conferencias sobre el pasado, el presente y el futuro de Jerez”. Igualmente, ha puesto de relieve que “el papel que juega la Delegación de Educación y Juventud y la Delegación de Impulso Económico, es fundamental. La delegación de Educación y Juventud ha diseñado un programa específico muy interesante para la difusión de la historia y la cultura de Jerez a los escolares, quienes serán los encargados de difundir nuestra cultura el día de mañana. Además, la Delegación de Educación y Juventud, ha sumado la cultura gitana, a la árabe, sefardí y cristiana”.

En este sentido, Real ha detallado que la delegación de Lidia Menacho, en colaboración con la FLAMPA y los centros educativos, ha incorporado un programa dirigido a escolares y dividido según los diferentes niveles educativos.

Habrá un acto especial el 2 de abril de 2014, con ocasión de la celebración del Día del Libro Infantil, se editarán cuadernillos históricos, se programarán visitas por las muestras arquitectónicas más relevantes de las cuatro culturas antes referidas y, en marzo de 2014, se celebrarán gymkanas por el Jerez de las cuatro culturas.

Por último, Antonio Real ha concluido: “la campaña de difusión del evento, que será la estrella de nuestro calendario festivo, es importantísima para generar riqueza con ocasión del 750 aniversario de la incorporación de Jerez a la Corona de Castilla”.

Manuel Antonio García Paz ha ahondado en el espíritu de esta conmemoración, y ha manifestado que “Jerez es una ciudad ecléctica que ha bebido en las fuentes de todas las culturas que han pasado por nuestro territorio” y ha añadido “el resultado de este hecho histórico son las personas, los jerezanos, con una extraordinaria tolerancia e integración de todas las culturas, y precisamente eso es lo que queremos celebrar con este evento”.

TEXTO Y FOTO: AYUNTAMIENTO JEREZ





374. La pintora jerezana Cristina López expone en Cuenca

25 06 2012

Cristina López Ramírez ( Jerez, 1974)  pintora y amiga de La Granja , es una de esas jovenes artistas que te llena el alma y la mirada en cada una de sus obras. Comenzó su carrera desde muy pequeña, entre zancadas de atleta (donde destacaba como una considerable deportista de élite en el Estadio Municipal de Chapín) con la pintura donde ya desde niña se alzaba con innumerables premios.. .

Desde el año 2003 hasta 2008 se preparó técnicamente en la escuela de Fermín García Villaescusa, “añadiendo a la técnica mi gusto personal”, como ella misma destaca en su blog.

En el año 2010 gano varios concursos de pintura rápida, siendo primer premio en Arcos de la Frontera, y seguidamente llegarían sus primeras  exposiciones. En mayo de 2011 se le abren de par en par  las puertas en  Diario de Jerez, donde realiza su primera gran exposición de pintura llamada “DESPERTAR”.

En agosto de 2011 es autora de la  muestra titulada ”NATURAL” en el Parque Natural de Los Toruños (Puerto de Santa María)., compartiendo sala con dos escultores: Chiqui Díaz y Javier Ayarza; para más tarde en septiembre de 2011 participar en una gran muestra colectiva de pintores con la presentación de un cuadro en la fiesta del vino de Jerez de la Frontera.

Entre sus muestras destacan ese mismo año la realización de carteles, y exposiciones colectivas en  León, en La granja de San Ildefonso (Segovia), como colaboradora en Pinceladas Colectivas en el barrio de Rufasa (Valencia).

Su penúltima gran exhibición se produce en mayo 2012 con Exposición individual “Vida” en Salón Cultural San Miguel (Arcos de la Frontera).

Ahora Cuenca le recibe con los brazos abiertos. Suerte amiga.

 Más información en http://cristinalopezpintora.blogspot.com.es/

 TEXTO E IMAGEN: REDACCIÓN



372. MARÍA DEL CARMEN GARCÍA. Olor a óleo

7 05 2012

Toda una vida entre óleos, acuarelas y pinceles. MarÍa del Carmen García González, casada y con tres hijos, ilumina cada semana de color sus aulas y de paso su vida y la de quienes la rodean.

En el Centro Social La Granja y en el colegio que lleva el mismo nombre, es un referente para las familias en lo que a las bellas artes respecta; y un ejemplo de ser humano, con la candidez y la sencillez como bandera.

Autodidacta, pintora y creadora, lleva desde los 18 años haciendo de la pintura no sólo un arte sino una forma de vida. Y sus alumnos y alumnas lo saben.

Por sus delicadas manos han pasado cientos de escolares que se han iniciado gracias a su buen hacer en una senda creativa que, aún de adultos, muchos continúan. “Les abro una vocación, y me gusta enseñar lo que yo sé”, asegura con una sensibilidad a flor de piel.

Jerezana “por los cuatro costados”, como ella misma se define, María del Carmen asegura que lo mejor de trabajar con niños es “lo fácil que resulta que se abran a nuevos conocimientos, que comiencen a coger el lápiz desde pequeños e ir limando sus imperfecciones”. “Aunque tenerlos sentados- añade es difícil, resulta muy gratificante comprobar como el arte les estimula a todos los niveles”.

 No en vano, la pintura se recomienda especialmente por los expertos para procesos terapéuticos en niños con minusvalías e hiperactividad, “porque pintar es relajante, les ayuda además con la agudeza visual de los colores… y en suma porque asumen la iniciativa”, nos relata esta veterana pintora.

Hablar con ella y observar como los menores aprenden es toda una experiencia. El tiempo pasa lentamente y la creatividad rebosa a raudales. Si quieren conocer su maestría, los lunes y miércoles a partir de las 5 de la tarde sus clases huelen a óleo…

 

 

TEXTO E IMAGENES: SUSANA PADILLA



364. LUIS BELLIDO SALGUERO. El cura bicicleta.

6 12 2011

Luis Bellido Salguero nació en Jerez en el Arroyo, el 1 de noviembre de 1924. De haber vivido ahora, el pasado día de los Tosantos hubiera cumplido 87 años. Hijo de  Antonio Bellido Troncoso,’Guerrerito’ banderillero de la cuadrilla del torero ‘Venturita’,  y de Trinidad Salguero, tenía cuatro hermanos: Antonio, Carlos, Encarna y Javier.  Entró en el Seminario en 1938, con 14 años. /En la imagen, Bellido en 1999, poco antes del homenaje que le tributaron. Era un fumador empedernido.

CURA EN EL PUERTO.
Se ordenó sacerdote el 23 de octubre de 1949, siendo apadrinado por Juan Miguel Pomar García y esposa quien, por encontrarse indispuesta, fue representada por Trininad del Pino, viuda de García Mier. Estuvo tres años en su primer destino: El Puerto de Santa María, entre la Iglesia Mayor Prioral de El Puerto de Santa María, ciudad donde le pusieron el apodo de ‘Padre Bicicleta’ por ser ese su medio de locomoción, tanto para desplazarse desde Jerez como para circular por las calle de El Puerto (vivía en la calle San Juan arriba y cogía carrerilla bajando la cuesta abajo); y no por decir la misa más rápido que nadie -que también-, como algunos creían. Dejó muy buena huella. Y la bicicleta, a su amigo Pepe Morillo, que estuvo en la calle San Juan, núm. 20 durante muchos años.

Luis Bellido, en su primer destino, El Puerto de Santa María, en esta ocasión en el escritorio de la Parroquia de San Joaquín.

Luis Bellido fue cura consiliario de Acción Católica. De pie, de izquierda a derecha, en la superior, José Bononato Sáez, Rafael Felices Morro, Pepe Morillo León, Jacinto Cossi Mora, Luís Jiménez González-Nandín, el Presbítero D. Luis Bellido Salguero, Francisco Rábago Vega, Antoñito Sampalo “El Aceitunero”, Pedro Crespo Blanquer, Andrés Alarcón Cañones, Luís Fernández-Sanz Blanco. Los tres de la fila de en medio: Francisco Basallote, José Luís López Franco, Antonio Pineda Crespo. Y en la fila de los que están sentados en el suelo Enrique Rodríguez primo de Juan Luís de los Santos, Antonio de la Torre González, Guillermo Benvenutty, Alarcón, Manuel Barba y Juan Luis de los Santos. /Foto Colección Vicente González Lechuga.

LA PRIORAL Y SAN JOAQUÍN.
De la Prioral, pasaría también a la parroquia de San Joaquín portuense siendo luego destinado a la iglesia de la Magdalena de Sevilla en 1953, donde nosotros le visitamos una vez, acompañando a su hermano Javier. Y luego el destino sería Jerez en 1956, como coadjutor de San Marcos y encargado, a su vez, de las iglesias de San Lucas y de San Juan de los Caballeros, donde tenía su vivienda, en la cual también recuerdo haberle visitado, en alguna ocasión. Posteriormente pasaría a su último destino, como párroco del templo del patrón de la ciudad, San Dionisio, en cuyas habitaciones anexas vivía con su anciana madre desde 1957.

En El Puerto, en la casa parroquial, con sus amigos Pepe Morillo, Manuel Ortega y Pepe Valiente.

SAN DIONISIO EN JEREZ.
En esta parroquia se entregó en cuerpo y alma, tanto a su labor espiritual, como a la restauración del templo, que le costó la mitad de su vida y su salud. Una obra que duró desde el día de Reyes de 1964, hasta la fiesta de la Inmaculada, de 1977, teniendo nosotros ocasión, por entonces, de entrevistarle sobre las mismas, con motivo de la visita que realizara a la misma un ministro, acompañado de diversas autoridades nacionales, locales y provinciales.

MISA ENTRE ESCOMBROS.
Por cierto que sabemos que hay quien guarda viejas fotografías en la que se ve a Bellido diciendo misa, con la iglesia llena de escombros, montones de arena y paraguas abiertos, en días de lluvia. Porque, en los trece años que duraron aquellas primeras obras de restauración, en las que se acometió la más profunda de las intervenciones, desde los cimientos, al artesonado nuevo, nunca se cerró la iglesia. Decía el sacerdote que si se cerraba el templo, jamás se restauraría. Y para sacar fondos para las obras se las ingeniaba de mil maneras, con carteles en los que aparecía montado en un camión de materiales, vestido con su inseparable sotana. Otras veces compraba cupones y, otras, lotería, pensando siempre en que podría pagar si le tocaban, aunque la diosa Fortuna no fue muy generosa con él. Y pidiendo y dando sablazos a unos y a otros, especialmente a determinados amigos y feligreses adinerados, a los cuales solía ir a buscar incluso a los bares donde paraban, para pedirles dinero para las obras. /Fachada de la iglesia de San Dionisio en los cincuenta.

En una visita, precisamente del ministro jerezano Manuel Lora Tamayo, también está el alcalde Miguel Primo de Rivera y el arquitecto Fernando de la Cuadra (también Rafael Manzano Martos), mostrándole las obras de San Dionisio. Bellido era cura de sotana perenne, afirmando que no gastaba en pantalones ni tenían que estar planchados.

MINISTRO LORA TAMAYO.
Una Semana Santa, cuando el ministro de Educación y Ciencia, Lora Tamayo, jerezano de nacimiento, vino a dar el pregón, al pasar delante del humilladero de San Dionisio, desfilando en la presidencia de una cofradía, Bellido se acercó a él, pidiéndole respetuosamente que le echara una mano en las obras de su templo; a lo que el ministro le contestó que iglesias en ruinas, había muchas en España; saltando inmediatamente el cura, contestándole que sí, «pero que ministros de Jerez solo hay uno» y, sin más, se marchó dejando plantado al ministro.

En 1974, durante la celebración de sus Bodas de Oro sacerdotales, con el Obispo Rafael Bellido Caro.

BELLIDO BARATO.
Bellido Salguero tenía una personalidad muy especial y, sobre todo, mucha gracia de la espontánea; sin perder nunca su seriedad; ya que era un sacerdote muy responsable y comprometido. Una vez dijo al Obispo Bellido, compañero suyo de seminario, que si don Rafael era el Bellido Caro, él era el Bellido ‘Barato’. Otra de sus características principales fue el gran amor por los pobres, socorriendo generosamente a cuantos acudían en masa a su despacho; repartiendo lo mucho o poco que tenía. Y en época de inicio del curso escolar, tenía un convenio con la Papelería Consistorio, de su amigo Pablo, para que diera los libros de texto a muchos niños de familias que no podían adquirirlos; pasándose luego él para pagarlos.

RUIZ MATEOS.
A otro amigo feligrés, dueño de una bodega, acudía de vez en cuando a pedirle dinero, en momentos en que las limosnas no le llegaban; se tomaba un te con él y se iba más que contento, porque ya podía aliviar los problemas de alguien. Sabemos que sufrió enormemente, cuando encarcelaron a José María Ruiz-Mateos, a quien estimaba muchísimo. Y cuando éste quedó libre, mandó repicar a gloria las campanas de San Dionisio, formando un gran alboroto; pues le decía a los monaguillos que tocaran «más fuerte, más fuerte, que se enteren en Madrid». /Con el Obispo Auxiliar de Jerez, José María Cirarda Lachiondo.

A LA INTEMPERIE.
Era tal su delicadeza, que cuando murió su madre, Trini Salguero, a la que amaba con locura, y ya vivía completamente solo, una noche tuvo que salir para llevar los últimos auxilios espirituales a un enfermo, olvidándose las llaves; y cuando volvió, ya de madrugada, para no molestar a nadie, se sentó en los escalones de su vivienda, anexa a la iglesia, donde se quedó dormido y allí pasó, en la puerta de la calle, el resto de la noche. De salud delicada, desde 1984 tenía instalado un marcapasos y sufrió, en total siete operaciones.

LE CURÉ DE SAN DENÍS.
Y algo que muchos desconocen: Luis Bellido Salguero era un extraordinario pintor, en la línea del gran paisajista José Montenegro Capel, al que imitaba perfectamente, firmando sus cuadros, que solía regalar a sus amistades y bienhechores, con el seudónimo de ‘Le Curé de San Denís’. Fallecía a las cuatro de la tarde del domingo 5 de marzo del año 2000. (Textos: J.de la P.)



357.UNA CALLE PARA EL DR. MANUEL BLANCAS

19 09 2011

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen : El Dr. Manuel Blancas en el centro de la imagen, con abrigo oscuro

La Asociación Cultural jerezana Cine-Club Popular, ha solicitado al Ayuntamiento de Jerez la designación de un vial público en homenaje al Dr. argentino de origen jerezano, Manuel Blancas, considerado el padre de la pediatría en Argentina.

Manuel Blancas nació en Jerez el 1 de enero de 1823, marchando muy joven a Montevideo, quedando huérfano de padre al poco tiempo, y realizándo en ese país sus primeros estudios. Instalado en En Buenos Aires ingresa, en 1848, en la Facultad de Medicina,licenciándose en 1854, ejerciendo de practicante en el Hospital de Mujeres entre 1852 y 1854.En 1856, el Dr. Blancas, es designado director de la Casa de Niños Expósitos y poco después médico de policia, cargo que ocupará durante 38 años.

Durante el terremoto de 1861, que afectó la ciudad de Mendonza, el gobernador de Buenos Aires le designó para estudiar los efectos ocasionados en dicha zona. Por otra parte, se destacó en la asistencia de pacientes afectados por las epidemias  de Cólera de 1867 y de Fiebre Amarilla de 1871 en Buenos Aires, así como en la atención a los heridos de la Guerra del Paraguay repatriados a Buenos Aires.

Igualmente fue miembro de la Academia Argentina de Medicina y médico de Tribunales.

En 1883  se crea la Cátedra de Medicina Infantil  en la Facultad de Medicina de Buenos, designándose al  Dr. Blancas su primer profesor, por lo que se considera el fundador de la pediatria en Argentina, habiendo ejercido con anterioridad, y durante varios años, como profesor suplente de Medicina Legal.

Manuel Blancas, que fallecería el 7 de agosto de 1906, casó con la uruguaya, Carmen Vargas, con la que tuvo a su hijo Alberto Blancas y Vargas (1859-1937), también médico pero que que ejerció como diplomático en varios destinos como Chile, Bélgica y la Santa Sede.

TEXTO Y FOTO:  José Luis Jiménez



356. MARÍA DEL CARMEN PUJOL. Empresaria y asesora dietética

7 09 2011

“Hay que cambiar la palabra dieta por alimentación sana”

Nadie como ella conoce los entresijos de las dietas. Esta jerezana, de 38 años, es una joven y valiente empresaria que hace ya cuatro años hizo realidad uno de sus sueños. Enseñar a los demás a comer, y a hacerlo bien. “Desde pequeña comencé a probar muchos tipos de dietas y de forma causal, porque nunca encontraba el momento, en 2008 me decidí a poner en marcha mi propio negocio dedicado a la nutrición y a la dietética”, señala con una sonrisa radiante en su rostro…

Por su negocio,  Naturhouse de la Avenida de Arcos, han pasado durante este tiempo más de 2.000 personas, lo que da fe de la importancia que para los jerezanos y jerezanas de todas las condiciones y clases sociales representa su aspecto físico hoy por  hoy, y que condiciona notablemente su integración plena en la sociedad.

 Mamen, como la conocen sus amigos, reconoce que la mejor publicidad para el emprendedor es el “boca a boca”; pese a que ganar su actual cartera de clientes “cuando eres mujer, casada y con hijos es complicado, por lo de compaginar la vida laboral y familiar, donde aún se estira mucho el machismo”, asegura.

Define su profesión como “gratificante” por “ver cómo entran las personas aquí y cómo salen”. “Porque- añade- no se trata de quitarse cinco kilos de más, como ahora después del verano; se trata de una cuestión de salud”.

En su local se atienden todo tipo de trastornos alimentarios, tanto en personas mayores, parejas como niños. “Ahora es el hombre el que se cuida más y no espera a tener sobrepeso excesivo”, dice.

Su filosofía vital y empresarial tiene por objetivo “cambiar la mentalidad: hay que sustituir de nuestro diccionario personal la palabra dieta por alimentación sana”. Carmen Puyol trabaja cada día por la “reeducación alimentaria”; cosa harto difícil como ella misma reconoce cuando como ocurre en nuestra cultura andaluza “todo, absolutamente todo lo celebramos comiendo”. De ahí los actuales índices de obesidad, principalmente motivado por el estrés y la falta de tiempo que “muchas veces nos obliga a comprar platos rápidos ya preparados, etc.…”.

En este sentido nuestra protagonista aboga por el papel fundamental de los abuelos, a la hora de asesorarles a la hora de dar de comer a nuestros hijos e hijas: “Equivocadamente se piensa que mientras más coman mejor y no es así, los niños, igual que en los bebés, deben sólo lo que su organismo necesita”, señala mientras gesticula con las manos.

“Con la autoestima- prosigue- pasa igual, cuando se ven gordos/as a estas personas se les estigmatiza y se abandonan, abandonan el cuidado por la apariencia personaly por arreglarse; un circulo vicioso cuyos factores o causas más influyentes se encuentran en nuestro modelo social”.

Insiste por último en que el vocablo “dieta” es del pasado; ahora hay que hablar de “alimentación sana”. Cabe desmitificar que “la persona que hace dieta, debe pasar hambre, y no es así”.Con Carmen seguro que estarán en buenas manos… Ya reza el dicho “mens sana in corpore sano”.



348. Durán González y el vuelo del Plus Ultra

13 06 2011

El 19 de Febrero de 1926-llegó a la Argentina  el primer hidroavión que cruzó el Atálntico en la misma ruta de Colón-desde Huelva a América en 7 etapas, 19 días, 61 horas y 44 minutos’, con un promedio de 172 km por hora.

La fotografía de la época muestra a Julio Ruiz de Alda, copiloto, y de blanco al alférez jerezano Juan Manuel Durán Gonzalez-piloto e instructor de aviación naval. Falleció en el mismo año 1926, de maniobras en Barcelona. Este apuesto joven-26 años-era primo de mi madre Rosalía Soto Durn, por lo tanto tío lejano mio,José María Orihuela Soto. Cabe recordar que  además en Jerez de la Frontera, concretamente en la céntrica Plaza de las Angustias, tiene Durán un monumento a su figura y no menos destacable gesta histórica.
La foto es de Marzo 1926 y fue tomada en la Casa Harrods de Buenos Aires, durante una visita que ambos realizaron. Para no abrumaros con datos, les invito a que pongan en el buscador “Hidroavión Plus Ultra” y encontrarán muchos más datos, como por ejemplo que Carlos Gardel compuso para ellos una canción.

La gloria del águila

(tango)
Letra y música de : E. Nieto del Molino y M. Monserrat Guillemat
Grabado por Carlos Gardel en Barcelona en enero de 1928.
El rey del aire tendió sus alas
y fue irradiando como el sol que al mundo baña
con la proeza de cuatro hispanos
que son un timbre mas de gloria para España.
Salió el Plus Ultra con raudo vuelo,
mirando al cielo rumbo a la ciudad del Plata.
El orbe entero se ha estremecido
y el entusiasmo en todas partes se desata
Desde Palos el águila vuela
y a Colón con su gran carabela
nos recuerda con tal emoción
la hazaña que agita todo el corazón.
Franco y Durán
Ruiz de Alda ,los geniales
los tres con Rada son inmortales.
Los españoles van con razón cantando
al ver el galardón de su nación.
Y cantarán con todas las naciones
entrelazando los corazones
y en tal clamor surge un tango argentino
que dice a España, Madre Patria de mi amor.
Cruzó Las Palmas y Porto Praia.
Glorioso llega en Fernando Noronha.
Prosigue el vuelo y en Pernambuco
da con su raid al mundo su impresión mas honda.
En Río Janeiro, Montevideo
suenan campanas pregonando la victoria
y en Buenos Aires la hija querida
al fin se cubren los valientes ya de gloria.
Dos países en un noble lazo
con el alma se dan un abrazo
Es la madre que va a visitar
los hijos que viven en otro hogar.
 
  

 TEXTO Y FOTO: José María Orihuela



341. LA TRAICIÓN. Una novela de altura

5 05 2011

Os recomiendo encarecidamente asistir este acto. Los motivos: todos los días no se publica una novela en Jerez escrita por un jerezano, en este caso jóven y con las ideas bien claras.

La sede de la Fundación Teresa Rivero,  sita en el plaza Rafael Rivero, acogerá mañana viernes, día 6 de mayo a partir de las 20,00 horas la presentación de la ópera primera del joven escritor jerezano José Manuel Pérez Padilla, quien dará a conocer en sociedad la obra que lleva por título “La traición” publicada recientemente por la Editorial Anubis.

El acto que contará con la presencia de destacados sectores de la sociedad jerezana le permitirá a Pérez exponer los detalles de una obra que ve la luz tras años de trabajo y dedicación, y que encierra su trama en las ciudades de Madrid, Barcelona, Milán, donde se desarrolla una obra contemporánea y actual que relata el voraz y competitivo mundo de los negocios y de las pasiones humanas.

De este modo, Pérez relata magistralmente la vida de Álvaro Duarte, un brillante asesor financiero al que la vida le sonríe. Inteligente y atractivo, comparte su vida sentimental con Beatriz, una afamada pintora dedicada a la restauración, para la que nunca tiene tiempo.

 En la cima de su triunfal carrera, Álvaro recibe un inquietante encargo tan peligroso como tentador. Beatriz, en su ausencia, conoce a Carlos, un pianista que lucha por superar su funesto pasado. Ambos acontecimientos tendrán inesperadas consecuencias en sus vidas.

Sobre el autor

 

José Manuel Pérez Padilla, casado y padre de una hija, nació en el año1975 en Jerez de la Frontera.
Arquitecto Técnico de profesión, su inquietud por la literatura y su amor por la misma le lleva a embarcarse en su primera novela –La Traición–, en 2006. Actualmente trabaja en su siguiente novela y prepara varios proyectos fotográficos, su otra gran pasión.

www.josemanuelperezpadilla.com

www.la-traición.com



337. JUAN JOSÉ ROSA SÁNCHEZ. Un investigador jerezano en León

2 04 2011

 Juan J. ROSA SÁNCHEZ, Profesor Honorario de la Universidad de León, nació en Jerez de la Frontera (1936) y vive en León desde 1958 (con un breve periodo en Córdoba). Es Doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte por la Universidad de León y Licenciado en Educación Física por el INEF de la Universidad Politécnica de Madrid. Fue Profesor de Educación Física entre 1958 y 1966 del Instituto Padre Isla y del Colegio San José de HH. Maristas, de León. Desde 1966 a 1971 trabajó de Profesor de Educación Física en la Universidad Laboral de Córdoba, sede del Gabinete de Investigación Pedagógica de la Educación Física, del que fue miembro activo. Desde 1971 hasta 1999 fue Profesor Titular del área de Educación Física y Deportiva, en el Departamento de Educación Física de la Universidad de León, impartiendo clases de Didáctica de la Educación Física y de Juegos Infantiles en la Facultad de Educación de la que fue Vicedecano. Se jubiló el año de 1999. Fue profesor colaborador en el Programa Interuniversitario de la Experiencia de la Junta de Castilla y León después de jubilado.

            Su tesis doctoral Estudio del desarrollo motor de población escolar leonesa mediante la utilización de la batería de Lincoln-Oseretsky de motricidad infantil la defendió el 30 de Septiembre de 1995 y obtuvo la calificación máxima de entonces: Apto Cum Laude por unanimidad y fue publicada en 1996. Dos años antes, en 1994, editó el vídeo Tests motores de Oseretsky.

            En colaboración con su mujer Elhecte del Río Mateos, también profesora jubilada de la Universidad de León, ha publicado las obras siguientes: Juegos tradicionales infantiles en la provincia de León (1997 y 2001), Terminología de Educación Física y su Didáctica (1999), Glosario de juegos tradicionales (2000); Vocabulario de juegos tradicionales, populares y autóctonos (2005); El juego de dormir: las nanas (2007); Juego populares (2008) y, el vídeo Juegos tradicionales infantiles (1998).

            Su línea de investigación sobre juegos tradicionales, populares y autóctonos sigue ocupando su tiempo. Posee la Medalla de Oro de la Universidad de León.

MI VIDA CONTADA POR MÍ

Mi primer llanto fue en la calle Morenos nº 18, en el Barrio de San Pedro, el 3 de Enero de 1936. Mi padre Fernando Rosa Calero (o de la Rosa, lo tengo pendiente de aclarar) decía muy a menudo: Yo soy del Zumajo, siempre vivió en Jerez. Mi madre, Encarnación Sánchez Martínez nació en Villanueva del Arzobispo, se crió en Córdoba y muy joven se instaló en Jerez.

Muy cerca, en la calle Bizcocheros que luego descubrí que se llamaba Cardenal Herreros, número 30 vivían mi abuela Andrea y mi tía Paca. En aquel patio tanto como en el de mi casa me crié. De él recuerdo que en un fogón que había al fondo a la izquierda, mi tía que era carnicera, hacía manteca “colorá” y blanca. En una gran vasija de cobre echaban pellas de tocino que a medida que se iban cociendo se licuaban. Una vez que era todo líquido la dejaban enfriar y estaba la manteca lista para vender en la carnicería. Nosotros, en plena ebullición, echábamos un chusco de pan dentro, lo dejábamos allí un momento, lo sacábamos y, enfriado convenientemente, nos lo comíamos, estaba riquísimo. Lo que también nos gustaban mucho eran los chicharrones. ¡Menudo manjar cuando nos dejaban probarlos!.

Mi abuela Andrea Calero Arcila, era de Arcos de la Frontera. Se casó con Francisco Rosa (o de la Rosa) López, carpintero de carros en el cortijo El Zumajo, allí nacieron sus hijos y vivieron hasta que el abuelo se murió. Fue entonces cuando mi abuela se trasladó a Jerez. Su habitación era grande, tenía una mesa camilla a la izquierda entrando, con una mecedora donde ella pasaba muchas horas y al fondo estaba su cama, en la que a mí me agradaba dormir. Me gustaba mucho estar con ella, escuchar sus historias y las conversaciones que mantenía con sus amigas. En cierta ocasión me regaló un duro de plata con la cara en el anverso de Alfonso XIII, no sé que fue de la moneda. Era una gran admiradora del General Primo de Rivera, de él, cada vez que se presentaba la ocasión, afirmaba que había sido un hombre muy guapo y muy bueno para España. A mí me quería mucho y a sus amigas, siempre que la dejaban, les decía: Mi Juaichi tiene mucho talento.

(Juan, en su primera comunión)

Del barrio recuerdo a un chaval, que no sé en que calle vivía, al que decíamos el gordo y se dedicaba a pegarle a todo el que se cruzaba en su camino. Un buen día me encontré a solas con él, me armé de valor y cuando venía hacia mí, con las intenciones que son de suponer me lancé hacia él lo agarré y lo apechugué contra la reja de un cierro, con más miedo que vergüenza -el mismo miedo me daba fuerzas- y se asustó el velentón cuando vio que no podía deshacerse de la presa que le hice y porque le metí la rodilla entre las piernas. Cual no sería mi sorpresa cuando se puso a lloriquear, lo que aproveché para exigirle que no volviera más y así fue (yo todavía no me lo creo). También recuerdo a mi amigo Paquito: un mal día no vino a jugar porque, según me dijeron, estaba malo y ya no volvió más.

A las cuatro esquinas jugábamos en el cruce de  la calle Morenos con la de Bizcocheros, frente a la puerta de mi abuela. Pero una noche me quedé solo, hacía viento, debía ser Levante, la calle estaba iluminada por una bombilla con su tulipa colgada de un cable que cruzaba desde una pared a otra, la casa de enfrente estaba derruida, de ella se contaban muchas historias. El viento movía la bombilla y la sombra que proyectaba la pantalla en las paredes subía y bajaba, pasé mucho miedo.

Mi padre compró una casa en un barrio periférico de Jerez que se llamaba Barriada Soto Mayor, pero al que se le conocía con el sobrenombre de Reventón de Quintos. Me imagino que el sobrenombre se debía a que por allí habían instruido a los soldados y como es de suponer quedaban para el arrastre. A su calle “Larga” nos fuimos a vivir. La casa hacía esquina con la carretera y la entrada era por la citada calle. Debía ser el número uno. Enfrente vivía “La Jaramilla”, una señora mayor que a lo mejor se apedillaba Jaramillo de la que decíamos que tenía la casa llena de mierda y de gatos. El tejado estaba siempre repleto de jaramagos.

Desde el patio, por una escalera, se accedía a una terraza en la que mi padre, con nuestra “valiosa”, ayuda hizo una cocina. De aquella obra tengo un recuerdo: mi padre decía, Fernandito trae un ladrillo y mi hermano decodificaba el mensaje y me transmitía Juaichi, lleva un ladrillo y así iba poco a poco avanzando la obra hasta que nuestro progenitor se cansó de tener un ayudante tan “diligente” y una de las veces que intentaba pasarme el recado para que yo hiciese su labor le espetó, ¡He dicho Fernandito! No le hizo falta insistir más. Yo por si acaso se perdía alguna bofetada me quité de en medio y la obra se terminó sin necesidad de mi ayuda. Calculo que mi hermano tendría unos nueve o diez años y yo, como había nacido tres años más tarde, unos seis. Una de nuestras diversiones era saltar desde el último escalón al patio y más de un buen porrazo nos llevamos porque nos enganchábamos en una planta que sobrevolaba la barandilla, seguramente un jazmín o una dama de noche. Pero lo que más recuerdo de la escalera es que una noche volvimos de la feria toda la familia, incluida mi tía Paca quien, en un ataque de risa por alguna gracia de alguien o por el vino, no podía subir, todos intentábamos ayudarla, cosa bastante difícil, por su peso y por la estrechez de la escalera y ella se sentó en el último escalón y dijo: ¡joé que me meo! y se meó.

(Juan. agachado  2º por la derecha, en su equipo de baloncesto)

Una de mis funciones era ir al almacén de Benito, tienda de comestibles que estaba en la calle Doña Blanca, a comprar aceite; aparte del dinero y el correspondiente envase había que llevar la cartilla de racionamiento. Para servir el aceite usaban una especie de surtidor que llenaba un depósito transparente y de allí a la botella. Cuando llovía, el impermeable o gabardina que usaba era un saco convenientemente preparado que me ponía sobre los hombros y la cabeza a modo de capa como la de Caperucita Roja. También era, con mi hermano, en épocas de restricciones, encargado de guardar larguísimas colas para recoger agua de una boca de riego que había en el Palenque y luego llevarla a casa que distaba unos doscientos metros.

Un buen día de invierno, mi padre nos dijo que nos íbamos a La Corta en bicicleta. Yo viajé en la barra y mi hermano en el portaequipajes. En otras ocasiones, si íbamos los tres hermanos, la niña lo hacía en la barra, para ir más protegida, mi hermano en el portaequipajes y yo en el manillar. Nosotros nos dedicamos a correr cerca de la orilla, muy pegados al agua pero sin tocarla para no mojarnos. En un momento determinado, mi hermano que iba delante, quiso atravesar una especie de murete que por allí había (sería la presa), falló el piso y se cayó al río, vestido naturalmente. No sabía nadar, yo tampoco. Daba manotazos al agua, se agarró a una piedra y ésta se soltó. Salí corriendo dando voces hacia el lugar donde había visto que se había ido mi padre y cuando llegamos al lugar del suceso, mi hermano estaba fuera del agua, completamente empapado. Se desnudó para secarse al aire y no me acuerdo que hicimos con la ropa para secarla ni que dijo mi madre cuando volvimos a casa.

Nos matricularon en un Colegio Nacional que había en la Plaza del Arenal. Mi hermano tuvo que cambiar de Colegio, pues estaba en el de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, en nuestro barrio anterior,  yo no tuve necesidad porque no había ido todavía a ninguno; a él lo matricularon en 4º curso, el último entonces de la Enseñanza Primaria, su maestro se llamaba D. Anselmo, era un señor alto, muy mayor y muy delgado, con el pelo blanco, debía ser muy buena persona. A mí me correspondió por edad, saber y gobierno el curso 1º. La etapa de Preescolar que se llamó más tarde o de Educación Infantil que se dice ahora, la pasé en la calle, en los patios de mi casa y de la casa de mi abuela y en una casa a la que llamábamos la “miga” o la “amiga” a la que íbamos unos cuantos niños y niñas, cada uno con su silla, y allí pasábamos unas horas.

La primera comunión se hacía entonces con siete años. El día del Corpus, mi maestro, D. Tomás (todos los maestros han unido a su nombre el don ¿será un don divino por aquello de “dejad que los niños se acerquen a mí”?, nos citó a los “primocomulgantes” a las diez de la mañana junto al kiosco de la Plaza del Arenal -todavía sigue allí- y nosotros también seguiríamos si mi madre, cansada de esperar, y viendo que íbamos a perder la misa de once, no me coge, me lleva a la iglesia del Señor de la Puerta Real, me pone en una hilera y me dice ¡hala! a comulgar. Una vez que hube comulgado, con mi traje blanco (pantalón y camisa), fotografía con un niño Jesús cerca de la cara y visita a familiares para recoger las propinas.

En cierta ocasión, mi padre me había dicho: Tienes que pelarte. El maestro (D. Tomás, ya lo he citado) dijo: El que quiera pelarse que pase a los retretes. Para allá me fui y cuando llegué a casa loco de contento por la sorpresa que le iba a dar a mi familia, por lo obediente que había sido, el sorprendido fui yo al ver las caras que pusieron y sobretodo oír las quejas y lamentos de mi padre: A mi hijo lo han pelao como si fuera un criminal (en aquellos tiempos usaban determinado corte de pelo para castigar). Me habían cortado el pelo al cero, menos mal que no me afeitaron la cabeza, pero me la dejaron blanca y muy redonda. Cuando me miré en el espejo no me conocía. No me atrevía a salir a la calle. Me compraron una boina pero no la usé mucho tiempo, enseguida me acostumbré. Además en aquel barrio iban muchos chavales pelados al cero.

En otra ocasión me volví a cortar el pelo al cero, pero esa vez fue de manera voluntaria y consciente. Fuimos mi hermano y yo, ya mozalbetes, a la peluquería para que nos hicieran un corte de pelo normal y alguno de los dos le dijo al otro: A que no tienes… para pelarte al cero. A lo que el otro contestó: ¿Qué no? y salimos los dos de allí mondos y lirondos.

Adaptarnos al nuevo barrio fue difícil. Allí había pandillas ya organizadas muy celosos sus jefes de sus poderes y ellas de sus competencias y, sobretodo, muy exigentes con los nuevos vecinos. Además nosotros, para ellos, éramos niños finos del centro que estábamos invadiendo su barrio. Nos dieron más de una “guantá” y más de una vez tuvimos que salir por pies de situaciones muy comprometidas, hasta que en una ocasión mi hermano se enfrentó con el jefe, al que llamaban “el Chino” que estaba, naturalmente, pelado al cero, fue una gran lucha, se dieron unos cuantos cates y revolcones, ganó mi hermano y yo me sentí la persona más importante de la tierra, tenía un hermano que era capaz de ganar al Chino. Fuimos admitidos en sociedad. Los años cuarenta fueron muy bonitos porque los chavales gozábamos de total libertad pero muy difíciles y, en algunos casos, peligrosos.

Pues entre trompos, pedreas, pídolas, burros (el juego y montarnos en todos los que por allí pasaban) y viajar en la parte trasera de los coches de caballos esquivando latigazos; escapadas a la vía para ver a las estraperlistas que viajaban en el tren de Sanlúcar y tiraban sacos por las ventanillas, idas a la zúa a coger cañas para hacer canutos y para fabricar instrumentos con la que coger higos chumbos fuimos creciendo. En los veranos nos íbamos hasta La Corta, y a Cartuja, para bañarnos y aprender a nadar (la metodología era muy expeditiva: te cogían entre dos o tres y te lanzaban al agua en uno de los lugares donde cubría, lo demás era cosa natural: o salías por tus propios medios o quién sabe lo que hubiera ocurrido). Pasaron unos cuantos años, los suficientes para endurecernos y para que mi madre se diera cuenta de que estábamos todo el día “con los mejores del barrio” haciendo golferías por lo que le planteó a mi padre que tenía que tomar cartas en el asunto.

Las cartas que tomó fueron matricularnos en la Academia Santo Tomás que estaba en la calle San Agustín. El Director-propietario me hizo el examen de ingreso siguiente: – A ver, pon ahí tu nombre. Lo hice, y al mirar la grafía sentenció: — Cuando te mueras escribirás igual de mal. Don Ernesto, se llamaba. No estoy seguro pero me parece que los dos fletes estuvimos juntos, por lo menos un curso. A mi hermano, como ya tenía once o doce años, lo prepararon para hacer el examen de ingreso en la Escuela de Comercio y aprobó.

No recuerdo cuantos cursos estuve yo en aquel colegio privado en el que había dos o tres maestros: uno para los pequeños, con el que yo estaba, D. Ricardo, que era hijo del que se preocupaba de los mayores, y otro para los que ya estudiaban en el Instituto y necesitaban refuerzo. Un buen día me peleé con alguno de mis compañeros de clase, me empujó, me golpeé con un pupitre en la zona lumbar y al agacharme por el dolor, me volví a golpear con otro, esta vez en la sien, perdí el conocimiento y cuando me desperté, me castigaron “al árbol caido…”. Mi hermana (cuatro años menor que yo) ingresó en el Colegio de la Plaza del Arenal, sección de niñas (entonces los niños y las niñas estaban separados, lo de la coeducación vino después) que estaba en la calle Armas (mismo edificio que el de niños pero distinta entrada, mejores maestras y mejores condiscípulas). El cambio de Colegio nos vino bien, pues ingresamos en otra pandilla más culta que la anterior pero más golfa también.

Con la nueva cuadrilla nos íbamos al Puerto de Santa María, se conoce que Jerez nos quedó pequeño. Los viajes los hacíamos en tren, naturalmente sin billete, o en el camión del padre de unos amigos que se dedicaba al transporte de pescado. El viaje de ida era muy bueno, toda la caja del camión para nosotros, pero en el de vuelta teníamos que compartir el espacio con las cajas de pescado. Algunas veces también fuimos andando por la Trocha.

En verano, a la playa de La Puntilla era a la que iban los veraneantes y los del Puerto, pero nosotros cruzábamos el canal a nado y nos íbamos a la de Valdelagrana donde estábamos completamente solos. En invierno, jugábamos al fútbol en La Puntilla, íbamos al cine, nos peleábamos a pedradas con los chavales del Puerto. Ellos nos insultaban y nos decía que ibamos allí para quitarnos las pelotillas del culo, nosotros les respondian que eran mariquitas y volviamos a casa con cara de haber estado paseando por la calle Larga.

Por aquellos años había un pinar en la playa de La Puntilla, detrás de unas dunas, que tenía camaleones. Yo nunca fui capaz de cazar ninguno pero habia verdaderos especialistas. Era muy bonito y muy curioso observar como cambiaban de color. Cada vez que los ponían en un sitio distinto y qué importantes eran aquellos que los tenían, que envidia despertaban. Es posible que los vendieran, no lo sé, nunca lo pregunté. Aquellas dunas tan altas, ahora son montoncitos de arena y aquel pinar está lleno de casas.

El deporte que hacíamos era jugar al balón con pelotas de trapo y papeles que sujetaban con una red. Alguno de nosotros era muy mañoso y las fabricaba de maravilla. Nuestro campo de fútbol era la calle San Agustín donde únicamente nos molestaba algún coche (uno o dos en toda la mañana o la tarde) y los guardias de la porra que estaban empeñados en que no jugásemos allí, por lo que de cuando en cuando nos hacían redadas y si nos cogían nos daban algún mamporro o algún tirón de orejas, pero las cosas se agravaron. Como aquello nos parecía injusto, decidimos que cuando hubiera redada la romperíamos a la fuerza, por lo que la táctica acordada fue salir huyendo todos por la calle Fate que es bastante estrecha. Naturalmente el guardia que cerraba aquella salida o se quitaba o lo atropellábamos y, afortunadamente para él y para nosotros, ocurría, que se quitaba. Pero no contamos con que los guardias también piensan y decidieron reforzar el flanco más débil, por lo que huyendo un día nos encontramos con tres o cuatro tapando nuestra salida y algunos fueron hechos prisioneros, entre ellos mi hermano que estuvo retenido en el cuartelillo, situado entonces en los bajos del Ayuntamiento, calculo que dos o tres horas. Los demás nos situamos en la acera de enfrente y desde allí veíamos, por una de las ventanas, a un guardia, grande como un demonio, fumando. Cada vez que daba una chupada al cigarro echaba una cantidad de humo tremenda, con lo que la preocupación por la captura de mi hermano pasó a segundo plano: lo importante era ahora calcular cuándo daría la próxima chupada y cuánto humo lanzaría al espacio de aquella habitación enrejada, alumbrada por una bombilla y con vistas a la calle. Naturalmente, nosotros ya fumábamos.

Las pedreas amistosas era otro de nuestros deportes o juegos. Es decir, cuando no teníamos enemigo que echarnos a la cara para apedrearnos con ellos, nos metíamos por el agujero de la taquilla del cine de verano San Agustín y allí convenientemente resguardados de miradas indiscretas (justamente al lado estaba el Cuartel de la Guardia Civil), divididos, en dos bandos y bien parapetados y armados de piedras, trozos de ladrillo, etc. luchábamos entre amigos, pero como si no lo fuésemos, hasta que alguien acababa descalabrado. Esa era la señal para dejar de combatir entre hermanos. Naturalmente estas luchas eran en invierno, cuando no había cine.

Por aquellos tiempos me llegó la hora de dejar el Colegio, ya había cumplido la edad y, según oí tenía que acceder a otro nivel. Mi padre me dijo: ¿qué quieres, estudiar o trabajar? Yo le respondí, que estudiar, lo que suponía hacer el exámen de ingreso en el Instituto de Bachillerato. Al día siguiente, mi padre, me cogió de la mano y me llevó a ver la carpintería de un amigo o conocido suyo, en un lugar oscuro, sucio, desordenado, frío, lleno de serrín pero que olía bien,  a madera serrada. Estuvieron hablando un rato y nos fuimos. Ese mismo día, o al siguiente, hicimos otra visita: fuimos a ver a un señor que era picapleitos, así lo calificó mi padre, La entrevista se celebró en un bar con terraza que había en la Plaza del Arenal, esquina a la calle Corredera (en esa terraza, años más tarde vi, por primera vez en mi vida, a una mujer en short, debía ser americana, por allí pasó medio Jerez). Cuando terminaron de hablar me preguntó mi padre: ¿dónde quieres trabajar, en la carpintería o en el Juzgado? Sin pensarlo mucho y con más miedo que vergüenza le respondí que en el Juzgado.

En el año de 1947, a los 11 de haber nacido, comencé a trabajar. Dichosa libertad, elegí estudiar y me dieron dos opciones: ser carpintero o juez, como más tarde comenzaron a llamarme en el barrio. El Secretario del Juzgado vestía siempre de traje con chaleco, corbata y tirantes; lo de los tirantes lo sé porque alguna vez, para colocarse bien los pantalones, se abría la chaqueta y el chaleco y entonces aparecían los tirantes pero es que además vi que los pantalones se los colocaba muy altos, prácticamente debajo de las tetillas Al finalizar el primer mes de trabajo, D. Hipólito, que así se llamaba, me dijo: toma, tu sueldo y me dio veinticinco pesetas.

Entré a trabajar, naturalmente, como chico para recados. Iba por cafés cuando me lo mandaban al bar Supremo que estaba en la Plaza del Arenal, en la esquina de enfrente. Otro de los recados que hacía era ir a un Estanco que había en la calle Larga, para comprar papel de Pagos al Estado y pólizas. Esta labor supuso que me enterara de que por realizar tu trabajo te podían dar comisión, pues cada vez que iba a dicho establecimiento, las estanqueras que eran dos hermanas, me regalaban un puñado de tabaco negro de picadura. Como yo, igual que todos mis amigos, ya fumaba, siempre tenía tabaco para todos. Entre el tabaco y el dinero de las propinas que me daban Abogados y Procuradores por hacerles recados mi status en la pandilla subió una barbaridad. Aprendí, naturalmente, a liar cigarrillos que es una habilidad que se ha perdido. Si alguien quiere quitarse de fumar que intente aprender a liar cigarrillos.

(Juan,  a su  izquierda su esposa y a su derecha su hermana)

Los Juzgados  estaban entonces, ya lo he dicho, en el mismo edificio que mi primer Colegio, pero con distinta entrada. Me parece recordar que al Colegio se accedía por la Plaza del Arenal y al Juzgado por la calle Armas. En este edificio estuvimos poco tiempo porque con el fin de que todo él pasara a ser Palacio de Justicia y mientras duraron las obras, nos trasladaron a otro de la Alameda Cristina, que había sido Colegio también. Después volvimos de nuevo a la Plaza del Arenal y de esa vuelta quería hablar.

El Palacio de Justicia, me parece que así rezaba un letrero que tenía en el frontis, al que se entraba por la Plaza del Arenal, tenía un patio central con columnas a un lado, alrededor del cual giraba todo el edificio. En la planta baja, estaban los Juzgados Municipales y el Registro Civil y en la primera, a la que se accedía por una escalera en cuyo descansillo estaba un cuadro que representaba el suicidio de Lucano, los de Primera Instancia e Instrucción nº 1 y 2 y la vivienda de un juez. Volvimos sin estar terminadas las obras y mi hermano, al que yo había conseguido colocar en el nº 1, subía de la planta baja a la primera trepando por la  cuerda de la polea instalada para subir materiales.

Hablando de materiales de construcción, un buen día a alguien se le ocurrió que podíamos echar una pedrea los del nº 1 contra los del nº 2. El campo de batalla, una sala que estaban dividiendo en dos por medio de un tabique que se encontraba a media altura, con lo que quedaban perfectamente delimitados los campos: nos veíamos, no podíamos invadir el terreno de los contrarios y aquel medio tabique nos permitía, además escondernos tras él. Las armas, a propuesta de alguien, acordamos que fueran pasteles de merengue. Comenzó la batalla que transcurrió muy igualada, pero la munición se acabó enseguida. Primero echamos mano de algo de pasta que por allí había, después trocitos de ladrillo y por fin medios ladrillos y enteros. El resultado fue que se cayó parte del tabique y como no hubo ni vencedores ni vencidos, todos nos dedicamos al finalizar a recomponer los destrozos. La parte de tabique que repusimos no guardaba ninguna relación con el resto. Al día siguiente los albañiles, después de preguntar que había pasado sin que nadie supiera nada, tuvieron que volver a tirar nuestra obra y colocar los ladrillos debidamente alineados. Conste que entre los luchadores no hubo ni Secretarios ni Jueces.

La calle San Agustín era nuestro espacio, nuestro lugar de convivencia. En ella jugábamos, íbamos al Colegio, vivían algunos de nuestros compañeros de aventuras y hacíamos sufrir a un pobre señor que era un santo varón, al que le tomamos el portal de su casa como lugar de reunión con las consecuencias que se derivan del hecho de que una pandilla se convierta en usuaria de tal habitáculo. Allí hablábamos, gritábamos, fumábamos, escupíamos -naturalmente en el suelo de mármol blanco- y descubrimos que mojando convenientemente las colillas con saliva y lanzándolas al techo con mucha fuerza, para lo que utilizábamos los dedos corazón y pulgar a modo de papirotazo, se quedaban pegadas, a manera de estalactitas. A partir de ese momento nos convertimos en decoradores. Si no fuera una petulancia, diría ahora que nosotros fuimos los que descubrimos esa moderna profesión.

Mi vida de “juez” continuaba. Aprendí a escribir a máquina y llegó un momento que lo hacía como un rayo. No sé cuantas pulsaciones haría por minuto, pero seguro que una barbaridad. Era el asombro de mis compañeros y de mis jefes, tanto es así que dejaron de mandarme a hacer recados y pasé a ser mecanógrafo de la Sección de lo Penal (lo Criminal decíamos nosotros). Escribía las declaraciones de presuntos (que se dice ahora) y de testigos que tomaba el Juez o el Secretario y me dictaban. Se me daba muy bien, también, el cosido de sumarios y demás expedientes: había en el Juzgado bramante, agujas, tijeras, y cada vez que se producía algún nuevo documento que había que unir a sus antecedentes allí estaba yo haciendo mi labor de artesanía. Había distintas formas de coser los papeles, hasta el punto de que, con sólo verlos, distinguíamos los expedientes civiles de los penales.

Se incorporó un nuevo funcionario como Secretario que se hizo cargo directamente de los asuntos civiles y a mí me designó su mecanógrafo. Unos años duró aquella función y como consideré que tenía mucho trabajo y que la remuneración era escasa, pedí aumento de sueldo, me lo negaron y decidí que por aquel dinero no merecía la pena trabajar, así es que me despedí. A los pocos días me llamo para trabajar con él el Secretario del Juzgado nº 1.

Un buen día me afirmé en que yo quería estudiar, pero como no me permitían que dejara de trabajar, compatibilicé el estudio del Bachillerato, como alumno libre, con el trabajo y, naturalmente, seguí jugando en la calle. De aquellos juegos pasé al deporte en el Frente de Juventudes: el balonmano, el atletismo, la natación, el balonvolea -que ahora se llama voleybol- y el baloncesto (a pesar de mis escasos 1,67 mts.) ocuparon mi tiempo libre. Sólo voy a comentar un recuerdo: los 400 mts. lisos fue la prueba de atletismo en la que me clasificaron. Cada vez que participaba en una competición uno de mis rivales era un chaval, rubio que estudiaba en Puerto Real, y me sacaba siempre de ventaja por lo menos 50 ó 100 metros.

Mi padre vendió la casa de Reventón de Quintos, se compró otra en la calle Mariñiguez y allí nos mudamos.

1955 fue un año importante, me permitió cumplir mis proyectos: conseguí ingresar en la Academia Nacional José Antonio de Madrid, centro donde se cursaban los estudios para Profesor de Educación Física; y desde ese año hasta 1958 el estudio fue mi casi exclusiva ocupación (en vacaciones trabajaba en el Juzgado y hacía los cursos de la Milicia Universitaria). Ese mismo año de 1955, fui admitido para opositar a Auxiliar de Justicia pero no me presenté porque ya había elegido ser Profesor de Educación Física. Las prácticas de la Milicia Universitaria, como Alférez las hice en Cádiz durante el verano de 1959. En 1958, en León, comienzo de nuevo a trabajar, pero ahora como Profesor de Educación Física.

(Juan, al recibir el título de Doctor por la Universidad de León)



332.Una calle para en fundador de la Iglesia Evangélica de Jerez

6 03 2011

HOMENAJE A JOSEPH VILIESID,  PRIMER PASTOR  Y FUNDADOR DE LA CONGREGACIÓN EVANGÉLICA DE JEREZ EN 1872

La asociación cultural jerezana Cine-Club Popular, por medio de su presidente, José Luis Jiménez, ha solicitado al Ayuntamiento la designación de una calle con el nombre del reverendo Joseph Viliesid (Salónica,1845-Bognor,1917), como merecido homenaje al primer pastor y fundador de la congregación evangélica fundad en Jerez en 1872.

Joseph Viliesid Seby y su mujer, Raquel Ben-Oliel, eran dos judios sefarditas convertidos a la fé evangélica, él nacido en Salónica y ella originaria de Orán pero afincada en Gibraltar. 

Ambos se establecieron en Jerez en 1871 para iniciar sus trabajos de divulgación del evangelio, ya que la nueva situación política de España durante el Sexenio Revolucionario así lo permitía.

Hay que considerar que la industria del vino del Marco de Jerez había atraido a la zona a una importante comunidad extranjera que profesaban la fé de la Reforma. 

Gracias a su labor se pudo llevar a cabo la construcción del primer templo y dos aulas de la congregación evangélica jerezana  bajo los auspicios de la Iglesia Presbiteriana Unida de Escocia. La inauguración tuvo lugar el 3 de julio de 1874.

(Edificio que aún se mantiene en pie en la calle Argüelles)