060. FAUSTINO RODRÍGUEZ. Hablando de alcachofas…
30 09 2009
Faustino Rodríguez Marín, nace en nuestra Ciudad el 21 de diciembre de 1946, hijo de Juan Rodríguez “Juanito” quien fundara el Bar Juanito en 1943, en torno a un complejo de edificios municipales. Sus estudios los realiza en el Colegio del Buen Pastor, de La Salle. En 1960, con 14 años se coloca de ordenanza en el Casino Jerezano. Tres años más tarde empieza a ayudar a su padre en el Bar y así hasta 1981, año en el que abrió el nuevo Bar que con el tiempo se convertiría, también, en restasurante, en el número 1 de la calle Pescadería Vieja, entre la Plaza del Arenal y la Puerta Real.
Lo que fue un tabanco montado por su padre en 1943 es hoy un excelente negocio con 25 empleados que se van a duplicar con una planta industrial en la que elaborará sus tapas tradicionales, admiradas por todos los grandes de la gastronomía, para su distribución a alta escala, se llamará “Alta Cazuela”. Hoy cuenta con 50 tapas que ensalzan la gastronomía de lo sencillo y vende unas ocho toneladas de alcachofas, su plato estrella, al año..
El escritor Antonio Murciano afirma que, por su proximidad entonces y ahora en su nueva ubicación, de la Academia de San Dionisio, el bar de Faustino es “Auxilium Academicorum”, ya que es el lugar de referencia obligada tras la finalización de los actos académicos de tan docta institución. Está en posesión de los premios “Jerezanísimo”, así como Jerezano del Año 1992. Es miembro de la Orden Internacional del Catavino de Oro y de la Academia Andaluza de la Gastronomía. Es Premio a la Hospitalidad Turística otorgado por la Asociación Provincial de Mandos Intermedios. Miembro de la Ruta del Vino y el Brandy del Marco de Jerez, cuenta entre otros certificados de calidad, con el Registro de AENOR. Ha sido Rey Mago en la Cabalgata de SS MM los Reyes Magos de Oriente, división Jerez de la Frontera. Faustino está casado con Carmen Enríquez, y tiene tres hijos: Rocío, Cristina y Juan, en la imagen de la izquierda.
Faustino, que no tiene afiliación política, –»Yo soy siempre del que gobierna y del que se le opone.»– ha atendido, conoce y trata con amabilidad y la cercanía que le caracterizan con todo el que lo visita, a politicos de distinto signo. Y artistas, toreros, deportistas, pintores, poetas, y una larga de personalidades que, en su visita a Jerez, tienen una parada obligada en la calle Pescadería Vieja, amén de los habituales jerezanos.

Con el entrenador del Xerez, Esteban Vigo.
Como afirma el propietario del Bar Juanito: «Aquí está prohibida la palabra guiri. Aquí vienen personas, sean de donde sean. Julio Iglesias o Jude Law han comido aquí, pero no saco pecho. Es más importante el que viene todos los días a gastarse el dinero.» Faustino está presente lo mismo en cacerías, que en las distintas Ferias en las que participa, como la de Jerez o Sevilla, y otro tipo de muestras gastronómicas. Aunque el no cocina, lo que si sabe hacer, y muy bien, es hablar y vender. Su carcajada es característica. Y es que, como el mismo afirma, «la cocina es muy dura, pero hablar, no tanto».
Las Alcachofas –los alcauciles– son el primer Premio en diferentes concursos provinciales y Premio Nacional a la Mejor Tapa de 1992. El Segundo Premio Nacional es otra de sus excelencias: Carrillada al Oloroso de nuestra tierra. Guías prestigiosas, como Michelín, Gourmetour, Campsa, y otras de interés turístico y gastronómico recomiendan el establecimiento del bueno de Faustino quien, además, figura en varias ediciones del Anuario Empresarial de Andalucía, el Anuario del Grupo Joly, y numerosas publicaciones especializadas y de información general del continente europeo. (En la imagen, óleo de A. Higuero, que se puede admirar en uno de los salones del Bar).
Faustino nunca ha tenido claro que las alcachofas sea una comida de pobres, a la que diferencia del alcaucil, silvestre y con pinchos. Sus alcachofas las han probado desde el Rey pasando por el gurú de la gastronomía, Ferrá Adriá

Calle Pescadería Vieja, desde la arcada del Callejón. Al fondo el Bar Juanito.

Una vista del azulejo que respalda la barra de tapas del Bar Juanito.
Durante la Cumbre de Jefes de Estado de la Unión Europea, celebrada en nuestro país en el 2002, fue invitado a participar en uno de los menús, dirigiendo la operación de dar de comer a tan importantes dignatarios sus alcachofas internacionalmente conocidas.
Categorias : Artes, Cultura, Emprendedores, Hostelería

El Dr. Ángel León Lara es una persona muy querida en la ciudad. Por su trato y por su vocación médica. Por su bonhomía. Es un jerezano nacido en Andújar (Jaen) en 1943, hijo de un militar ATS, quien por la profesión paterna vivió en diversas ciudades, en Santiago de Ribera (Murcia) y en Sevilla, donde terminará el bachillerato en el Instituto San Isidoro de la capital hispalense y, precozmente estudia la carrera de medicina, en 1961, con 17 años terminándola en 1967. Perteneció al equipo de Rugby y a la tuna universitaria, lo que le recuerda con delectación, sin embargo, quizás por la profesión paterna no disfrutó especialmente las milicias universitarias que “padeció” en Montejaque (Sevilla).
HUELVA Y JEREZ.




En esa época recuerda Paco haber vivido situaciones difíciles, como las inundaciones de las Barriadas del “Vietnam”, o Los Madrileños, donde falleció un agente en acto de servicio; la explosión de la Alcoholera del Puerto. Coordinó desde sus concejalías el cambio del tablero del puente sobre el Guadalete que pasó de dos a cuatro carriles (se hizo de noche y de forma alternativa), algo que era necesario y que se hizo en época de elecciones, consciente de las molestias que le producirían a los vecinos, recuerda que fue una decisión valiente. Y evoca también los dispositivos montados durante la Feria o los Campeonatos del Mundo de Motociclismo, superando gestiones anteriores. (En la fotografía, Antonio Álvarez y Francisco Corbacho).









El pequeño Rodrigo se quedaba, como los chicucos de Cádiz, a dormir en el establecimiento. Con su madre se comunicaba por carta y viajaba hasta Benaocaz cada seis meses. “Lo pasó mal” relata su hijo Rodrigo. Siente verdadera pasión por su padre. Se le nota en cada frase. Rodrigo padre se casó con María González y la pareja tuvo cinco hijos. Juan, Rodrigo, Yolanda, Chelo y Mari. Cuatro de ellos siguen en el negocio familiar. Quizás por su origen serrano, o porque muchas personas tienen manos mágicas, Rodrigo Valle se hizo un maestro en dos cuestiones: la elaboración de pan y los chicharrones. La venta, de la que se hizo encargado cuando volvió de la mili, comenzó ha hacerse conocida por sus chacinas, por los chicharrones y el por el pan y también por un producto muy especial que se sigue degustando en el establecimiento: el asiento de los chicharrones: la mezcla de manteca y de pequeños trozos de carne que se queda en el fondo de la perola en la que se hacen los chicharrones y que luego se pone en los desayunos para untar el pan tostado.
El objetivo era recuperar el antiguo edificio que estaba en desuso para transformarlo en un asador. Para ello se trato de respetar al máximo la arquitectura del inmueble, con varios siglos de antigüedad y aprovechar las condiciones naturales del salón, construido en una especie de semisótano al que se puede acceder por un patio o por unas escaleras desde la barra de la venta. Para hacer las carnes se ha recuperado un viejo horno de leña con más de tres siglos de antigüedad y algunas estancias han sido acondicionadas como bodegas para los vinos. Rodrigo destaca que se trató de respetar al máximo el inmueble y por eso se tardaron cuatro años en acondicionar el edificio.
Este joven empresario señala que está muy satisfecho de lo conseguido y que el asador, donde ofrecen cochinillo y carnes de buey, ternera, cordero y cerdo, funciona bastante bien. Valle, no para un momento. No se le puede decir que no sea un joven emprendedor. Cuando ha rebasado por muy poco la treintena gestiona media docena de empresas que van desde los negocios de hostelería y panadería hasta una agencia de viajes, una cantera de arenas, una empresa de aire acondicionado y la gestión de una firma dedicada a la explotación de vallas y reclamos publicitarios.
TELERAS Y CHICHARRONES.

Francisco Retamero Rodríguez, funcionario de los juzgados de Jerez, afiliado al PSOE y a la UGT y concejal en el último Ayuntamiento de la República que tuvo esta ciudad fue la primera persona a la que fusilaron aquí, en el Pozo de la Víbora, junto a Francisco Guerra Tenorio, que tenía un periódico llamado ‘Ráfaga’, y a ‘Torongonguito, conocido cabecilla anarquista de La Barca. Los hechos ocurrieron el 10 de agosto de 1936, pero los recuerdos lógicamente continúan vivos en sus familiares. Pero no sólo los recuerdos. María Retamero Fernández, la segunda de los seis hijos de este concejal conserva todavía la cartera que le devolvieron a la viuda tras el fusilamiento con las fotos de sus hijos y toda su documentación, una cartera en la que también guarda las fotografías que tenía allí su padre y documentos como la cédula personal de Diputación. Todo esto le sirve como hilo argumental para comenzar la narración de la tragedia que vivió cuando era una niña de trece años. Ahora está a punto de cumplir los 82. También conserva la sentencia de un juicio celebrado en la Audiencia Territorial de Sevilla con el que se le quería dar ‘legitimidad’ a este fusilamiento pero que lo culpaba únicamente de “delito de responsabilidad política menos grave” por el que le ponían una multa de cien pesetas. Demasiado tarde.
CONCEJAL DELEGADO DE HIGIENE.

Tampoco le da la menor importancia a las polémicas por la eliminación o no de monumentos o elementos relacionados con la dictadura. En el caso por ejemplo de las manifestaciones realizadas por determinados grupos que no quieren que se vuelva a colocar la estatua del general Miguel Primo de Rivera en la plaza del Arenal asegura sin tapujos que “yo no soy partidaria de que la quiten. Desde el año 70 hasta el 77 he vivido en Francia, un país donde puedes ver un monumento a Robespierre al lado de otro a Luis XIV. Allí hay un respeto tremendo a la historia. es un pueblo que conoce su historia. Políticamente el monumento no significa nada ni expresa nada. Lo importante es que el pueblo conozca la historia, la verdad”.
Francisco Fernández García-Figueras, nace en Jerez en 1937. Licenciado en Medicina y Cirujía por la Universidad Complutense de Madrid, y especialista en Neurología y Psiquiatría por el Hospital Provincial de Madrid, con el Prof. López Ibor. Ha sido profesor en la Facultad de Medicina de Cádiz y de la Escuela Profesional de Psiquiatría de Sevilla, así como de la Escuela Universitaria de Enfermería de Jerez, ha ejercido la psiquatría en diferentes centros y ámbitos. Es miembro de las Sociedades Españolas de Neuropsiquiatría, Neurofisiología Clínica y de la Historia de la Medicina. Es miembro de la Academia de San Dionisio -fundada en 1948- desde 1969
SUS ORÍGENES
MANUEL ESTEVE
LÓPEZ IBOR
JEREZ

Desde que tomo posesión de la presidencia en 1984 mi interés estaba en resolver esta situación de precariedad. Tuve muy buena acogida por parte del alcalde Pedro Pacheco y me prometió que al finalizar las obras de la Casa Consistorial, dado que el Ayuntamiento estaba entonces en Madre de Dios, se realizarían las obras en el inmueble de Consistorio 13 para que fuese la sede de la Academia. En 1990 firmamos dicho acuerdo y le dije al alcalde que si el Ayuntamiento me daba una subvención la Academia trataría de hacer la obra de rehabilitación. El edificio estaba en unas condiciones lamentables y yo pensaba que para la Academia, habiendo pasado tanto en los últimos años, sería un riesgo un parón en su actividad que la pondría en vías de extinción. Entonces el alcalde me ofreció tres millones de pesetas pagadas a medias entre la Administración local y la Caja. Yo sabía que la Academia era muy querida en la ciudad y recurrí a empresas para que me ayudasen. La obra costó doce millones y gracias a la generosidad, tanto de las empresas como de los profesionales que intervinieron en la realización de esta obra, hoy estamos disfrutando de estas instalaciones, con una cesión municipal aprobada en Pleno del Ayuntamiento por unanimidad. Esta unanimidad me lleva al compromiso de que nuestra Academia esté siempre con el poder constituido y nos gustaría que esta institución fuese consultada en aquellos temas en los que nuestra opinión pueda ser válida”.

Fernando González Moreno había nacido el 29 de julio de 1919 en Jerez. Sus padres también eran jerezanos, Fernando González Salgado e Isabel Moreno Carrasco. Murió el 12 de agosto de 1999, a los 80 años de edad, en el hospital de la Ciudad. Su niñez la vivió en una choza de la carretera de Cortes, cerca del actual cementerio. En aquel primer cuarto del siglo XX, en el cinturón de la ciudad había más de mil chozas. Fernando guardaba un recuerdo grato de la vida en la choza, por la ayuda que se prestaban las familias y la niñez al aire libre que vivió con sus amigos.
A los once años, su padre se empeñó en que aprendiera el oficio de carpintero. Este oficio estaba considerado como artesanal y era el más importante de los trabajos profesionales. Eso lo consiguió gracias a su abuela Josefa, nodriza de María del Carmen Domecq. Había que tener un buen padrino para ingresar en el Colegio profesional de los Salesianos de Cádiz. Desde entonces, la carpintería fue para él no sólo el trabajo, sino la principal ocupación de su vida. Su primer trabajo fue la tonelería. Pero su segundo trabajo fueron ya dos grandes talleres de carpintería de Jerez. (En la imagen de la izquierda, Fernando y su mujer, Carmen, el día de su boda).
Muy pronto, a los 18 años, fue llamado a filas y se encontró, con cientos de jóvenes en un tren sin saber a dónde iban. Muy pronto los dejaron en el frente de Córdoba en plena guerra civil. Era el año 1938. Luchó en sierra Morena y fue licenciado como hijo de viuda en 1939. A finales de 1942, cuando los Estados Unidos entraron en la II Guerra Mundial, volvió a ser movilizado en el mismo regimiento de Cádiz. Intentó conseguir un destino cómodo para ayudar en su casa: su padre había muerto, su madre estaba muy enferma y su hermana Isabel había contraído la tuberculosis. Lo mandaron a Sanlúcar de Barrameda, al castillo de Santiago. A la vuelta cContrajo matrimonio en 1944 con Carmen Márquez González y tuvieron seis hijos: Isabel, Fernando, Juan Antonio, Francisco, María del Carmen y Jesús. Ambos tenían un concepto muy claro de lo que querían y sabían que aquel compromiso era para toda la vida y para organizar una sólida familia. Y así lo hicieron. (Fernando en la mili, frente de Sierra Morena).
Cuando Fernando descubre la dignidad del obrero es en la década de 1960. Accidentalmente tomó contacto con la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica). Era un movimiento de militancia obrera, con un sistema de profunda raigambre humana y cristiana. Casi por el mismo tiempo, surge un sindicato clandestino como proyecto de futuro, al que se afilió con otros compañeros de la HOAC. La central obrera llegó a Jerez de la mano de Sebastián González Barroso, responsable y coordinador de USO en toda Andalucía. Fernando trabajó, además, en las comunidades cristianas de Santa Ana, Santiago y La Granja.

Ana Blanco Soto nació y murió en Jerez (1899 – 1987). Cantaora. No era gitana, salvo en una mínima proporción, pero toda su vida la pasó íntimamente relacionada con los gitanos camperos de Jerez. En el campo, al término del trabajo, o los días inclementes, eran frecuentes las reuniones de cante alrededor de las hogueras. Y entre los trabajadores había cantaores cuyos nombres han quedado en la historia: la propia Periñaca, Tío José de Paula, el Borrico de Jerez, Sernita…

a habíamos visto muchas veces por las calles de Jerez, en alguna perdida taberna, casi mendigando unas moneda a cambio de una improvisada ejecución de soleares o bulerías. Tía Anica la Piriñaca define, sin duda, toda esa supervivencia, ya sorprendente por insólita, de los antiguos esquemas sociales y estilísticos del cante. Ella aprendió de sus paisanos -de Manuel Torre, de Antonio Frijones, de tío José de Paula- hasta convertirse en una prodigiosa cantera de casi olvidadas sabidurías flamencas. Podía ser un insuperable caudal de enseñanza y rara vez se la ha considerado como lo que realmente es: un ignorado y portentoso ejemplo de la verdad humana y del dramatismo expresivo del cante [...]. Todo el humano chorro de pasión de esta anciana excepcional emerge como una flor terrible de cada una de sus llameantes lamentaciones. Para nosotros, la intocable raíz del flamenco está representada exactamente en esas entrañables, humildes, sobrecogedoras quejumbres, extraídas de la más oscura memoria racial (…) Canta como si exteriorizara en un sollozo toda su intimidad. Ella no comprende que uno pueda explicar de otro modo lo que se le agolpa por dentro. Se entrega al cante a intuitivas bocanadas de liberación, como si abriera de par en par su amordazado espíritu.” José Luis Ortiz Nuevo recogió sus memorias en un libro titulado Yo tenía mu güena estrella (1987). (Texto: flamenco-world.com).





























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