073. JOSE TEJERO MORENO. Uva palomino con burbujas.
31 10 2009
En la imagen, José Tejero. (Foto: Pepe Contreras).
El proyecto comenzó hace ya nueve años cuando la familia Tejero, propietaria de esta bodega familiar situada en la carretera de El Calvario, decidió adentrarse en la experimentación de nuevos vinos con la idea de diversificar sus productos y no basarse tan sólo en los jereces. José Tejero Moreno y sus tres hijos, Juan, José y Francisco, apostaron fuerte e invirtieron cien millones de las antiguas pesetas en adquirir la maquinaría necesaria para realizar vinos con el añadido de carbónico, el gas que produce las burbujas en los vinos. La intención, según relata José Tejero, uno de los tres hijos del fundador de la empresa que todavía participa en la gestión de la bodega, era, sobre todo, elaborar un vino de aguja, aunque después ha llegado también el proyecto del espumoso, ya que la tecnología es similar. Lo más sorprendente del proyecto de los Tejero, que han llevado a cabo la idea de forma totalmente autóctona, tan sólo con ayudas de la Junta de Andalucía, es que no han plantado otras uvas, sino que han preferido utilizar para la elaboración de estos nuevos vinos la palomino, la que se usa para la crianza de los jereces.
José Tejero estima que la uva Palomino, tiene cualidades idóneas para la elaboración tanto de vinos de aguja como de vinos espumosos “ya que les aporta mucha suavidad”. Los Tejero lanzaron su vino de aguja hace cuatro años. Se realiza con uva palomino y tras la fermentación y ya en la fase de embotellado es cuando se le añade el gas carbónico que provoca que el vino tenga burbujas. La familia reconoce que en la zona los vinos de aguja son “poco conocidos. Se usan muy poco, pero creemos que es un vino perfecto para la gastronomía de la zona, sobre todo para la costa, donde acompaña perfectamente a pescados y mariscos”. La bodega realiza también su propio vino blanco, también de uva palomino y por el momento las vistas están centradas en el panorama internacional ya que han comenzado a trabajar con paises como China e India donde han encontrado canales de distribución. Este año la bodega ha decidido dar un nuevo paso adelante en su proceso de diversificación y lanzará su vino espumoso, un proyecto en el que también vienen trabajando desde hace varios años ya que la elaboración es parecida a la de los vinos de aguja. El espumoso de la firma llevará el mismo nombre del vino de aguja y los demás productos de la empresa: “Bodegas Tejero”. (En la imagen, el mosto embotellado del pasado 2008, agotado).

“Nuestra idea es lanzarlo en estos meses para que las próximas navidades, que es cuando el consumo se multiplica esté ya presente en el mercado”, señala José Tejero ilusionado con este nuevo proyecto. Los Tejero han optado por el método de añadir el carbónico en las botellas después de que se haya realizado la fermentación. Es uno de los tres métodos que existen para elaborar espumosos, pero para estos bodegueros jerezanos es el mejor porque se adapta a la tecnología que han adquirido. Estos bodegueros, nacidos en Trebujena, aunque afincados en Jerez, son los pioneros en la provincia de Cádiz en realizar un vino espumoso. Según las noticias de estos empresarios tan sólo una bodega de Huelva realizó una experiencia similar y en Cádiz, aunque se han hecho experimentaciones por parte de alguna bodega, en ningún momento se ha comercializado un producto de estas características. Los bodegueros señalan que “comenzaremos con una pequeña producción. Nos gusta ir poco a poco y queremos ir dando pasos pero sin precipitarnos ya que para nosotros este proyecto y el del vino de aguja son muy importantes ya que les hemos puesto mucho cariño y trabajo y, además, se ha realizado una importante inversión económica”. José Tejero señala que los costos son importantes ya que hasta la botella que necesitan estos vinos son especiales. Actualmente trabajan en la terminación de la etiqueta y “en cuanto esté lista comenzaremos la venta”. En principio lanzarán un espumoso seco, ya que es el cuenta con un mayor mercado, aunque no descartan, en un futuro, elaborar también uno semiseco, con un punto dulce. Bodegueros inquietos
La familia Tejero –en la imagen– lleva ya muchos años en la producción de vinos. Es de esas bodegas que se consideran en el marco como completas ya que tienen sus propias viñas en la que plantan la uva y luego cuentan con espacios para la crianza, maquinaria de embotellado y su propia marca para comercializar sus productos. La zaga la comenzó el abuelo José Tejero que ya se dedicó a este mundillo y luego la siguió su hijo José Tejero Moreno, nacido en Trebujena en 1937 que se dedicó a la venta de mostos hasta que en 1971, en unión de sus hijos puso en marcha la actual bodega que cuenta con la viña “Los Monos” como su más emblemática zona de producción. Los Tejero son especialmente activos. Si ahora se lanzan al espumoso y han comenzado a trabajar con los vinos de aguja, en Jerez también son conocidos por su mosto, que se vende en numerosas ventas a granel y cuya temporada comenzará en los próximos meses. En este campo también han realizado una experiencia singular y es el embotellado del mosto, aunque en este caso se utiliza el nombre de vino de mesa para evitar confusiones. En la foto los hermanos Tejero brindan con una copa de espumoso en una de sus viñas. (Textos: Pepe Monforte).
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“Usted la vería el pasado miercoles en el programa de Televisión Española. “Cantamos Contigo” y que consiguió un clamoroso triunfo pasando al primer puesto de la clasificación, disputando con las máximas figuras de la canción.







El edificio que ocupa el centro GlogauAir es una antigua escuela en el corazón de Kreuzberg, barrio fronterizo entre el Berlín Occidental y el Oriental. Este proyecto en marcha es uno de los lugares de encuentro de los más diversos artistas españoles afincados o de paso por la capital alemana, entre los que Alvargonzález fue una figura destacada. Chema Alvargonzález afirmó en una ocasión, durante una entrevista, que a los artistas españoles les faltaba “glamour”. No estará de acuerdo quien haya cenado en el ático, muy cerca de la Glogauer, donde Alvargonzález vivía, trabajaba e invitaba a amigos y conocidos a cenas y largas conversaciones de sobremesa sobre libros, películas o cualquier otra cosa interesante. (Textos Juan Gómez).
A Mercedes la llamaban “la Jerezana” en un tiempo en que Jerez parecía el extranjero y Bolivia o Ecuador eran remotos nombres de los libros de Historia y de Geografía. Bautizada en San Pedro y vecina del barrio de San Miguel, muy cerca de la casa donde nació Lola Flores, llegó veinteañera a El Puerto en 1958, cuando su marido, el mecánico Juan Gallardo, vino a trabajar en aquella Base que comenzaba montarse y que trajo un buen puñado de norteamericanos con Mr. Marshall. La familia contaba con dos pequeños y un montón de ilusiones por cumplir. Mercedes no terminó de cumplir una de esas esperanzas que se llevan en el corazón, convertirse en una artista profesional del cante, aunque nunca le faltaron sus cualidades heredadas de su padre, Antonio Alvarado, de Arcos de la Frontera, y uno de los nombres del flamenco arcense de principios del pasado siglo. (En la imagen, Mercedes durante una intervención saetera en la peña El Chumi).



Entre los años 80 y 90, formando parte de la peña El Chumi, Mercedes intervino en diversos recitales organizados por la veterana entidad flamenca.









Las dificultades para precisar el nombre exacto y situar geográficamente el lugar en el que vino al mundo este personaje, llevan a plantearnos si el topónimo Bunas, fácilmente confundible en la grafía árabe con Burnus e, incluso, Brunas, no tendrá también algo que ver con el actual cortijo de San José de Prunes, al noroeste de Jerez y del que nos hablan en su
El Cortijo de San José de Prunes se alza sobre el Cerro del Cuco, en la carretera del Calvario, entre Jerez y Sanlúcar. Llama la atención, como leemos en 



José Gil Tamayo, 55 años y nacido en Barbate, no puede negar que tiene estilo. Aparece para la entrevista como un perfecto barman. Discreto, camisa blanca, impecable, corbata de tonos grises con el cuello perfectamente anudado. Gafas extremadamente limpias y el pelo cuidadosamente peinado. No se sienta en el sofá hasta que no lo hace su interlocutor. Chaleco negro a juego con el pantalón. Sin que pronuncie palabra parece que está esperando a que se le diga que vas a tomar. José es profesor de la Escuela de Hostelería de Jerez y jefe de barra del bar del centro. Su especialidad la define como un arte lo que pasa es que el, en vez de que un pincel, lo expresa mezclando bebidas para hacer cócteles.

EL ARTISTA QUE COMPONE EN COPA.
UN BAR DIFERENTE.
Admira a Chicote, el barman madrileño, que considera que revolucionó el mundo de la coctelería de España y gusta de visitar a algunos compañeros en la provincia, como a Juan Manuel Franco de la cafetería Milord de El Puerto de Santa María, que también ha realizado publicaciones sobre cócteles. Muchos de los cócteles elaborados por José Gil tienen dedicatoria. Los hay para sus padres, para su hijo, para sus amigos y para su mujer, Carmen. Su primera creación, el cóctel Madrid, tuvo que ver precisamente con un viaje que hicieron juntos a esta ciudad.


























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