089. ROMUALDO RUIZ DOMÍNGUEZ. Las castañas de ayer y hoy.

4 12 2009

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Romualdo en plena faena de asar las primeras castañas de una tarde de diciembre.

Hay tradiciones que se resisten a desaparecer pese a que la sociedad cambia, se transforman los grupos humanos y las costumbres y el tiempo a veces borra lo que antes parecía inolvidable. Pero el jerezano ha decidido que, a fuerza de mantener una sana rutina, la cultura popular permanezca como pozo inalterable de la esencia de la misma ciudad. Costumbres ligadas a determinados espacios temporales como el consumo de mosto, la participación en zambombas o el olor a castañas asadas siguen tan presentes hoy, pese a la crisis económica y el avance social; y están tan vivas que un hombre como Romualdo Ruiz Domínguez suma ya 36 años al pie del cañón de su puesto de asar castañas a las puertas de la iglesia conventual de Santo Domingo. Tenía apenas 14 años cuando se inició en el negocio de la mano de su padre, pero hoy cuenta a sus espaldas con casi cuarenta otoños continuados esperando animar los estómagos de los jerezanos en las tardes más frías.

UNA VIDA LIGADA A LAS CASTAÑAS

Castañas2_jerezNació en Jerez el 19 de octubre de 1954 y apenas abandonó la infancia comenzó a trabajar con su padre en el negocio de las castañas, un sector demasiado limitado por el tiempo pero que al menos permite la supervivencia. Porque eso es precisamente lo que llevó a Romualdo a continuar con lo que aprendió de joven: “–Había que buscarse las habichuelas, porque la cosa estaba y ahora está otra vez muy mal”, comenta sin dejar de dar vueltas a los frutos secos sobre la chimenea de leña. Por eso heredó el negocio familiar, y por eso ahora es uno de los clásicos del otoño desde la magnífica atalaya de la Alameda Cristina. Porque a pesar de todo, castañas se siguen comiendo en Jerez. “–Sí que se comen, no tantas a lo mejor como antes, pero cuando empieza a hacer frío como ahora, se apetece y siempre hay quien se para por aquí para degustarlas”, añade. Lo curioso de su caso es que mientras para los jerezanos el frío es casi imprescindible para dejarse atraer por el olor, el sabor y la textura de unas buenas castañas asadas, son precisamente las inclemencias meteorológicas propias de esta época los peores enemigos del negocio. “–Esto es muy duro. Yo ya no lo voy a dejar a estas alturas, pero espero que mis hijos se dediquen a otra profesión. Aquí estamos expuestos al frío, al viento, a la lluvia, constantemente. Se pasa mucha fatiga”, lamenta. (En la imagen, el puesto de castañas más popular de Jerez, en plena Alameda Cristina, que lleva Romualdo desde hace 36 años).

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Además de la elaboración de estos frutos secos, los cartuchos de papel son imprescindibles en el negocio.

SIEMPRE CON LAS TRADICIONES JEREZANAS.

Le quedan apenas unas semanas para seguir con la tradición, porque el negocio de las castañas arranca el 1 de octubre y se despide de la ciudad a final de diciembre. Pero Romualdo no cesa en su actividad. Dentro de pocos días instalará el quiosco para la venta de productos típicamente navideños, como panderos, panderetas, material para disfraces o zambombas, sin abandonar de esta manera la tradición más jerezana. Y todo ello, también desde su privilegiado rincón de Santo Domingo. Tras la Navidad, Romualdo se preparará para retomar su negocio, pero esta vez bajo el sol implacable del verano. Y es que cuando llega la temporada de playa, se traslada a Chipiona para vender sobre la arena patatas, refrescos… Pero lo suyo es no parar un momento, porque, ya se sabe, hay que ganarse la vida: en julio, los Sanfermines; en mayo, a trabajar en el Rocío… y así hasta que el otoño vuelve con sus colores y olores a devolverle su lugar en pleno centro de la ciudad.

Castañas4_jerezLA TRADICIÓN DE UNOS FRUTOS PROPIOS DE OTOÑO

Asar castañas es una tradición familiar que se mantiene por todos los rincones de España, aunque el puesto típico con chimenea y leña para asarlas, sin que falte su toque de sal, necesario para blanquear sus cáscaras, sólo se encuentra en Andalucía. En el resto de ciudades se suelen usar peroles grandes sobre leña que permiten asar estos frutos al modo como se hacen en los hogares, de forma más casera. El olor característicos de las calles y plazas de Jerez durante los meses de otoño traen inevitablemente el aroma de los recuerdos de otros tiempos pasados, pero gracias al esfuerzo de personas como Romualdo Ruiz están permitiendo que la tradición no se olvide y que las nuevas generaciones de jerezanos sigan manteniendo en su memoria el olor de calles con vidas y ganas de otoño. (En la imagen, la chimenea con la leña en la parte baja, que permite asar poco a poco las castañas sin que se quemen ni se queden duras. Se puede comprobar su funcionamiento tocando las asas de la olla, que no queman, por efecto de la chimena).


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