131. MANUEL TORRE. El cantaor de la Generación del 27.

15 01 2010

Torre1_jerezManuel Torre vio la luz en el jerezano barrio de San Miguel, concretamente en el número 25 de la calle Alamo, a las 3 de la madrugada del día 5 de Diciembre de 1878. Fue el cuarto de los hijos de Tomasa Loreto Vargas, de Jerez, y Juan de Soto Montero, de Algeciras, matarife, cantaor no profesional de tonás y seguiriyas, y residente en Jerez desde los 11 años de edad, además de – según parece- manijero en la finca ‘Las Torres’, de donde pudo adoptar el sobrenombre artístico.

Descendiente por línea paterna de los famosos Cantorales y sobrino por la materna de Joaquín Loreto Vargas (el célebre seguiriyero Joaquín La Cherna), el hombre “con mayor cultura en la sangre” (al decir de García Lorca), se inició como pescadero de oficio (no aparece ningún dato como trabajador en el campo) pero manifestó muy tempranamente su talento musical. Así al menos lo advirtió el Duque de San Lorenzo y sobre todo el militar ecijano don José Aguilar, quien lo presentó como niño prodigio y junto a Javier Molina en dos cafés cantantes jerezanos, uno sito en la Vera-Cruz, cuyo dueño era Juan Junquera, y el otro conocido por La Primera, aunque figuró primeramente en un cuadro flamenco por las comarcas sevillanas de Lebrija y Utrera.

Su marcha a Sevilla

Torre2_jerezSu presentación en Sevilla la hizo en el Salón Filarmónico como el Niño de Torres, el 11 de Octubre de 1902, cantando por entonces los tangos lentos de El Mellizo con Juan Gandulla ‘Habichuela’. De ahí pasó al Novedades, con Pepe Triano ‘El Ecijano’, donde sorprende de nuevo con los tangos lentos de ‘Amparo, por Dios, Amparo’, y donde le apodarían Manolillo El Tranteiro por su interpretación de la farruca, cante que le granjeó gran popularidad al competir con el garrotín del Niño Medina y las marianas del Niño de las Marianas.

Hacia 1912 realiza una gira por Málaga y seis años después actúa como el Niño de Jerez en el Kursaal sevillano, que estaba en la calle O’Donnell, calando ya tan hondo su latigazo emocional que, a la postre, llegaría a ser el gran maestro de la escuela sevillana, el eje en definitiva sobre el que se articularía la Casa de los Pavones.

Andando el tiempo, su apabullante éxito por la geografía andaluza (en Huelva se le localiza en 1923) y la capital del reino, a la que visitó por vez primera en 1909, o su ulterior presencia como artista invitado al Concurso de Cante jondo de Granada (1922), permitió ser considerado como el cantaor de la Generación del 27, e hizo que muchos no vacilaran en llamarle ‘genio de los ingenios’, ‘un ser nacido para la libertad que ocupó el trono de la miseria’ (Antonio Mairena); ‘rey del cante gitano’, ‘El Majareta’ (se lo puso D. Antonio Chacón), o ‘el Acabarreuniones’ (como lo definió Joaquín el de la Paula), dado que, como sentenció Pericón de Cádiz, “casando se te metía el sonido suyo en el oído ya no lo perdías en tres semanas”.

Más sobre su personalidad

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Manuel Torre, segundo por la derecha, en una de sus reuniones de amigos. Foto del CAF.

Manuel Torre, el de los sonidos negros, el inspirador de todas las teorías del duende, fue tenido por un personaje raro, caprichoso, extravagante a veces, de mal carácter e inseguro incluso, pero dispuso de una voz natural – voz que ya utilizaron entre otros Curro Durse, el señor Manuel Molina y El Mellizo -, y un sonido revolucionario en su tiempo – anótese que se cantaba con cejilla -, de profundas pasiones y violentas emociones. Su vida fue siempre ajena a las preocupaciones sociales, sólamente mostraba interés por sus galgos (“Andújar” y “Amapola”), los pollos ingleses, su colección de relojes de bolsillo y su borriquillo (el “exprés de Cádiz”) con el que hacía los desplazamientos cortos para sus actuaciones.

Torre4_jerezHombre sensible, soñador, reservado y obseso sexual, no dejó posibilidad de hacer suyas a cuantas mujeres se cruzaron en su camino. Aparte de nombres femeninos que dejaron huella en su vida como Paquita, Amparo, Pastora la de los Peines o Pepita la Murciana, en Utrera conoció a la bailaora Antonia Torres “La Gamba”, prima hermana de la mujer de Pinini, que le daría dos hijos, Juan y Tomás, siendo éste un cantaor de muy buenas maneras y legatario de su duende así, como los Pavones y los hermanos Mairena, según manifestaciones de su hija María.

Tras una afonía mal curada por la que hubo de ser ingresado en un hospital sevillano y cuyos gastos satisfizo su gran amigo Ignacio Sánchez Mejias -a quien tanto le cantó en el cortijo de Pino Montano, lugar donde nació la Generación del 27- el final de sus días no se correspondió con el dinero ganado a lo largo de su trayectoria artística. (Imagen de la crónica periodística que se pudo leer en Sevilla sobre la muerte del cantaor jerezano).

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Su muerte en la miseria

Sería un atardecer de julio sevillano cuando, rodeado de la mayor de las miserias, de sus niñas, de sus galgos y de sus gallos de pelea, como escribiera Juan de la Plata, falleció de una tuberculosis este gitano que supo evolucionar desde el cromatismo metódico de lo jondo. Eran las 16 horas del 21 de julio de 1933 cuando su talla de genio perecía en una butaca. Gracias al corazón generoso de Pepe Marchena se pudieron sufragar los gastos del entierro así como la organización de un festival para recaudar fondos que paliaran la indigente miseria en que quedaron sus herederos consanguíneos.

A su muerte quedó inscrito en la definición como Manuel Soto Leiton por lo que se supone que sus familiares y allegados no conocían su verdadero nombre. (Monumento a Torre en Jerez. Foto de Juan Gallegos de jerezsiempre)(Textos extraído del Centro Andaluz de Flamenco y de la web del flamenco).


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