007. GENARO BENÍTEZ. El venenciador errante.

9 05 2009

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Tener un amigo como José Genaro Benítez Gil, es sin lugar a dudas y aunque suene a tópico,  un verdadero tesoro. Hace unos días le llamé por teléfono, cosa que hago habitualmente, y me dijo que el 4 de mayo se prejubilaba.  Aunque ya estaba informado de que esta contingencia sería en el presente año 2009, para mí fue un aldabonazo con el significado de que con Genaro llagábamos al final de una época. (En la fotografía, Genaro, en diciembre de 1969).

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Entró a trabajar en González Byass el martes 14 de julio de 1969  a la edad de 14 años (hoy sería impensable pues la legislación actual no permite trabajar hasta los 16 años) dado que existía la costumbre de dar preferencia a los hijos de los operarios para entrar de botones, por aquello de que habían vivenciado desde su más tierna infancia el conocimiento de la empresa.  Faltaban pocos días para que el hombre pusiera por primera vez el pie en la Luna y que Franco metiera la pata en las Cortes como se decía por aquellos tiempos. (En la foto, Genaro recibiendo la venencia de Pepe Ortega).

Probablemente en Jerez no se haya valorado en demasía  la figura del venenciador que como un lobo solitario o aquella vieja leyenda del Holandés Errante, recorría esos mundos de Dios cantando y contando las excelencias de nuestro vino universal y de la ciudad que le da su nombre. En Genaro Benítez,  ahora que llega a esta encrucijada en su vida, quiero  hacer mi pequeño homenaje a esos entusiastas trabajadores que a miles de kilómetros de la calle Larga pusieron todo su arte,  todo su empeño y  su bonhomía  para conseguir promocionar en cualquier rincón del mundo el jerez y Jerez.

Genaro recogió el testigo de aquellos pioneros como Pepe Ortega, Julio Delgado “Niño López” o Paco Herrera “Paquetín” que convirtieron una faena bodeguera  en un verdadero arte preñado de elegancia y buen gusto. Lo de recoger el testigo en Genaro se dio en el sentido exacto de la palabra, dado que Pepe Ortega cuando se jubiló le regaló su venencia dando a entender en este acto que lo consideraba su discípulo más aventajado.

genaro-en-la-portada-de-la-revista-excellent1Desde Bruselas a Lima,  desde Buenos Aires a Béziers o desde Miami a Sydney,    pasando por Paris y Milán, Genaro siempre se desvivió para que conocieran nuestros vinos, no limitándose a venenciar sino también contestando a todas las preguntas que le hacían, algunas tan peregrinas como cuando aclaró que el jerez no era un licor de cerezas. A veces,  cuando viajaba a otros continentes,  tenía memorizado el mapa de Europa que dibujaba en un santiamén en cualquier papel  para aclarar donde se encontraba esa ciudad paradisíaca al sur del sur que él  siempre tuvo  idealizada. (En la imagen, Genaro en la portada de la Revista Excelent)

Las paradojas de la vida;  Genaro, una de las personas más involucrada con su entorno familiar, tuvo que pasar la mayoría de su etapa laboral vagando por esos mundos, siempre portando su venencia como los músicos portan su instrumento musical, que más de una vez, a raíz de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, tuvo que dar multitud de explicaciones en los aeropuertos para explicar que aquello que contenía aquel estuche alargado era el mejor instrumento para la paz. Después de más de treinta años de viajes, varias vueltas al mundo,  blandiendo su venencia como un espadachín incruento,  Genaro aprendió a chapurrear muchos idiomas, aunque ninguna falta le hacía. Ofrecer una  copa de vino de Jerez  con una sonrisa fue su mejor idioma universal.

genaro-venenciando-a-don-juan-de-borboon-en-la-bodega-de-los-reyesGenaro es el último de una estirpe ya desaparecida hace tiempo y que él con tozudez quiso mantener a toda costa,  a pesar de que el mundo iba en otra dirección. Tal vez por eso, ahora a sus jóvenes 54 años llega a una etapa de júbilo y con la tranquilidad de conciencia del deber cumplido y dormirá a pierna suelta en un hogar luminoso y feliz. (En la foto, Genaro venenciando ante Don Juan de Borbón, en la Bodega de los Reyes).

Genaro: te deseo una larga vida en compañía de los tuyos; gracias por tu amistad y tu afecto  y hasta siempre.


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