157. EDDIE CAREY. El californiano en la tierra del vino.

10 02 2010

La primera vez que Eddie Carey, pintor norteamericano, llegó a España de visita rondaba el año 1993 y no tardó en instalarse aquí porque quedó impregnado de nuestra cultura. De California a Jerez, dos mundos tan lejanos y distintos en costumbres pero unidos en las pinceladas sobre óleos de gran tamaño. “Uno de mis últimos trabajos era un cuadro enorme, me gusta pintar obras de grandes dimensiones, aunque siempre me debo a los gustos de mi cliente”, asegura Eddie. A sus 37 años ha sido capaz de encontrar un hueco en el difícil mundo del arte y poder vivir de sus obras.

eddie jpgEn su ciudad natal estudiaba conocimientos sobre arquitectura, ingeniería y arte, y España era un punto de referencia importante. Este es el motivo por el que siempre quiso venir y conocer en primera persona las peculiaridades e idiosincrasia española. “Estaba antojado de ver el país por mí mismo”, explica. Le atrae todo y afirma que “no hay nada que me guste en especial, sino un conjunto de toda la cultura, el ambiente, las fiestas, los colores o la comida”.  No hubo un momento determinado en que se iniciara en el mundo de las bellas artes sino que simplemente nació artista.

Desde pequeño sentía la sensibilidad pictórica y escultórica, ya que aunque actualmente su máxima dedicación es la pintura, sus primeros pinitos fueron con la escultura. Cuando llegó a España le costó trabajo asentarse e integrarse por el problema de la lengua, aunque lo acogieron bien desde un primer momento. Convivió durante mucho tiempo con una familia de sangre gitana, de sangre flamenca, donde pudo conocer el Jerez de pura casta. Su arte del otro lado del Atlántico impactado con el arte más jerezano, el flamenco.

Los tres primeros años los dedicó fundamentalmente a conocer cómo funcionaba el negocio en tierras andaluzas, gracias a la ayuda de buenos amigos. Aunque su mayor trabajo es por encargo, ha participado en algunas exposiciones. No tiene ni busca ningún estilo, intenta innovar y experimentar con cada obra, hacer de cada una un trabajo.

Un americano en Jerez que tiene la suerte de rodearse de un círculo de clientes interesados en el arte y para los que siempre ha trabajado. “Me gusta que la gente compre mis cuadros, no quiero tenerlos mucho tiempo en el estudio porque cuanto más tiempo los tienes en más ocasiones los retocas, como siempre se dice un cuadro nunca está terminado. Por eso, me gusta deshacerme pronto de ellos y venderlos con rapidez”, comenta.

De las diferencias entre el arte americano y español asegura que en California la modernidad también se ha hecho dueña del arte, aunque defiende que en España habitan artistas con un nivel más alto, por lo que hay más competencia y las dificultades para vivir de su trabajo se acrecientan. Visita su país un par de veces al año porque se encuentra inmerso en un trabajo de estudio sobre la cultura de los indios de la “existe muy poca información, por lo que investigo sobre ello para poder transmitir la cultura india”. Dice ser feliz, muy feliz, aquí porque tiene éxito profesional y en lo personal. Hace poco se casó con una jerezana, por lo que ese afincamiento en la ciudad se hace cada día más definitivo.


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