315. DRA. CARMEN FRANCISCO. Una vida luchando contra el cáncer

12 01 2011

 

(Carmen en un momento de la entrevista en la Clínica)

Me recibe con una sonrisa. Una de esas que salen de lo más hondo de su alma cotidianamente traducido como un “hola” o un “que tal estás”. Carmen ha aprendido a vivir con el optimismo que da saberse vencedora de los duros golpes que a veces machacan tu vida anque para ello el camino haya sido demasiado cruel.

Aunque nacida circunstancialmente en Cádiz, hasta los 7 años vive en el Puerto de Santa María desde donde emigra a Jerez henchida de rabia y dolor por la pérdida de su padre. “Mi padre Manuel era empresario y una persona cordial, y siempre al servicio de los demás; protectora, generosa y que ayudaba a todo el mundo, como un Rey Mago”, levanta la mirada con satisfacción mientras desde sus cuerdas vocales brotan palabras con una calma que traspasan las cuatro paredes del despacho donde desde hace un año dirige la Clínica Hermes, frente al Hotel Jerez.

Una etapa académica brillante primero en el Colegio Público Isabel La Católica es compaginada cada día con el trabajo en casa y fuera de ella con su madre y sus tres hermanos. “Era la princesa de mi casa “ para todos, y más tarde, por esos designios inexcrutables del destino, el sostén de una familia a la que ella sola tuvo que sacar para adelante.

La enfermedad de su madre, también cáncer como su padre, la privó de su compañía cuando la vida aún no ha madurado para Carmen. A los 16 años vive como toda su familia trágicamente la desaparición de Francisca, “pura inocencia y pura sonrisa”, como ella la describe entrañablemente.

 De este modo Carmen enfrenta un difícil futuro de la mano de su abuela, en Icovesa; un reto que ya conoce cuando desde los 7 años compagina las tareas del cole y la ayuda en los negocios familiares de sus tías, amén y desde los 14 el cuidado por entero de su progenitora.

(Carmen, de corta edad, posa ante la cámara)

“La conciencia del cáncer”, asegura sensata “es lo que me ha motivado para desempeñar este trabajo, por vocación, y que me llevó a la Facultad de Medicina para aprender a hacer que la gente no sufriera de dolor. “Aún recuerdo a mi madre, en el lecho de muerte diciéndome… Carmen que me den algo que calme el dolor”… “y yo no pude”, explica mientras entrevistada y entrevistadora comparten casi sin mirarse sus ojos llorosos.

(Una de las instantáneas más queridas por la Dra. Francisco, junto a sus padres)

Cuando se doctora en Medicina, hace 17 años, dirige su experiencia profesional enteramente a los cuidados paliativos. “Aliviar el dolor, que la gente sea atendida como personas que son es una obsesión para mí”, sentencia con determinación esta mujer de raza y fortaleza.

Más adelante la lucha desde el equipo de oncología del Hospital de Jerez y ahora desde la presidencia de la Asociación Española Contra el Cáncer de Jerez y la Presidencia de la Sociedad Andaluza de Cuidados Paliativos “lo he hecho por ayudar a los demás, no por mí que ya tengo de sobra con lo mío”, sonríe algo cansada tras un duro día de fatigas.

(A la derechaCarmen, de adolescente, ya es una alumna brillante en sus estudios)

Amtante de la lectura, de la cocina sobre todo de su profesión de médico “donde aprendes de todo el mundo todos los días”, dedica la mayor parte de su tiempo a su familia “y a la gente que quiero, a Pepe y mis hermanos que somos una piña”, amen de “la formación, porque me gustan los temas muy diversos de crecimiento personal”.

Las 1.300 personas durante los últimos 10 años han pasado por sus cándidas manos con su inseparable equipo que “me ha dado muchos momentos alegres dentro del sufrimiento de estas personas”. De todo el infierno de ayudar a quienes depositan en ella todas sus esperanzas de vivir sabiéndose cerca de la muerte, asegura quedarse con sólo una cosa positiva: “mejorar su calidad de vida, porque que continúen viviendo no está aún en nuestras manos”.

 

Palabras todas ellas que dan toda una lección de maestría humana y de solidaridad personal. Una mujer, a contracorriente, natural y sensible como la vida misma y sobre todo dispuesta a que “nadie que trate muera de dolor” en un mundo diseñado a medida para vivir pero también para sufrir…

(Junto a una de sus estrechas colaboradoras, Ana Cortijo)

FOTOS Y TEXTO: Susana Padilla / albúm familiar

 


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