360. Las murallas de Jerez, según Delocraix

19 10 2011
 

A mediados de  enero de 1832, el reputado pintor francés, Eugene Delacroix (1798-1863), iniciará un viaje de seis meses que será crucial en su vida y que le llevará a visitar el norte de África, Marruecos y Argelia, incluyendo una breve gira por Andalucía. Este singular periplo influirá enormemente en su pintura posterior, haciéndole descubrir la deslumbrante luz y color de esos paisajes, la sensualidad y el misterio de sus gentes .La decisión de Luis Felipe de Francia de enviar una delegación especial a Marruecos, encabezada por conde Charles Edgar de Mornay, para mantener el control sobre el Mulay Abd ar-Rahman ibn Hicham, servirá para que la amante del conde, Mademoiselle Mars, le sugiera incluir en la lista de viajeros al pintor.En Toulon embarca en la fragata La Perle, zarpando el 11 de enero con rumbo a África. Ya en Tánger se desplazará a España a mediados del mes de mayo, acuciado por conocer la pintura española llegará  a Cadiz el 18 de mayo, siendo atendido por el viceconsul francés, M. Angrand. Pero lo que más nos interesa de esta historia es que a finales de ese mes, en el trayecto que va desde Cádiz a Sevilla, realiza una breve parada en Jerez para contemplar sus murallas y el Alcázar, de los que hace un ràpido boceto a lápiz de la torre octogonal y su entorno, titulado    Murailles á Xerez. Este sencillo dibujo formaba parte de su Album de voyage au Maroc, Espagne, Algerie, parte del cual adquirió el Museo del Louvre en 1983 para su conservación en el departamento de Artes Gráficas, donde se encuentra actualmente.

De esta breve estancia en la zona comentó en su Diario:”He hallado en España todo lo que había dejado entre los moros. Nada ha cambiado, salvo la religión; el fanatismo por lo demás es el mismo. He visto las bellas españolas que no desmienten su fama”.

Delacroix regresará a su pais, al mismo puerto desde donde partió, el 5 de julio, y en su equipaje llevaba una carpeta repleta con más de cien dibujos. Como curioso contrapunto a esta relación de Delacroix con Jerez, en 1833, y con motivo de la decoración del salón donde el escritor Alenjandro Dumas va a organizar un baile de disfraces, pintará un singular retrato del vencido rey godo, Don Rodrigo, tras la batalla de Guadalete.

La pintura es una témpera, sobre varios papeles, donde se muestra al rey desfallecido, herido de muerte en su enfrentamiento contra los árabes, y  que sólo se mantiene sobre el caballo gracias a su valor. Su corona y su cetro han caído en el lodo junto a su paje. Tras él, a la luz del atardecer, aparece representado el campo de batalla.

La obra, propiedad del Ayuntamiento de la ciudad de Bremen, se puede contemplar en la actualidad en la Neue Pinakothek de Munich.
 

 TEXTO E IMAGEN: José Luis Jiménez García

 

 
 

 


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