290. MERCEDES FERNÁNDEZ VARGAS. ‘Mercé La Serneta’.

7 12 2010

Cuando murió La Serneta
la escuela quedó cerrá
porque se llevó la llave
del cante por soleá

María de las Mercedes Fernández Vargas nació en Jerez de la Frontera, el 19 de marzo de 1840, hija de Salvador Fernández, herrero, de Gilena (Sevilla) y de María del Rosario Vargas de Jerez. Murió en Utrera (Sevilla), el día 18 de junio de 1912. Es uno de los nombres egregios del cante de mujer y del cante por soleá. Tía abuela del Borrico de Jerez, luego gitana y emparentada con ese gran árbol de familias jerezanas del cante descendientes de Paco la Luz. Tuvo la voz viriloide de algunas otras grandes cantaoras, y su prestigio debió ser ya mucho en vida. Recibió los máximos elogios como genial solearera.

Aunque nació en Jerez de la Frontera, llegó a Utrera en 1863, aquí creó su soleá “apasionada y dulce” al decir de Fernando el de Triana, que se conoce como soleá de Utrera. Cantaora que se reconoce como la mejor solearera de la historia y acaso la mejor cantaora del siglo XIX. Según Fernando el de Triana, ‘gitana de sin par belleza, sobre la que volcó la divina naturaleza el tarro de la sal y el grado máximo del cante por soleá’. Debió comenzar con las cantes básicos antiguos de sus paisanos Curro Pabla, Tío Luis de la Juliana, Tía Sarvaora y el señor Manuel Molina, aprendidos en la fragua de su padre. (En la imagen de la izquierda, Borrico de Jerez. Foto: Paco Sánchez).

Mostró su arte, sobre todo, en reuniones privadas, aunque también hay huellas que permiten afirmar su presencia en algunos de los cafés cantantes mas renombrados de Sevilla. Y en Sevilla y en el café del Burrero y en Utrera, actuó muy joven, coincidiendo en el tablao con el propio Silverio antes de su marcha al extranjero, el Mellizo, el Loco Mateo, Manuel Cagancho y el Nitri. Así, su periplo vital coincide casi totalmente con el auge de los cafés, una forma de mostrar el flamenco denostada en momentos y vindicada en la actualidad, como un periodo de esplendor y desarrollo del Arte Flamenco.

La Serneta era cantaora y guitarrista, lo que no deja de ser una excepción en el panorama flamenco femenino. Esta habilidad parece que le permitió parece que le permitió hallar cierto desahogo económico dando clases a los hijos de las familias aristocráticas de Sevilla que se movían en torno al palacio de los Montpensier. En su vida, estaban los dos polos , la pobreza y la opulencia en la que se movía con su arte. (En la imagen de la izquierda, una joven Mercé).

No llegó a grabar discos, así que el conocimiento que tenemos de ella es a través de intermediarios, que recogieron su legado y lo hicieron llegar a nuestros días. En el libro de José Blas Vega, ‘Los cafés cantantes de Sevilla’, se recogen algunos indicios de que Mercé actuó en el Café de Silverio y en el del Burrero, junto a artistas de la época como, Pepa de Oro, Carlota Ortega o La Malena. Los cafés cantantes tuvieron una influencia directa en el ambiente cultural y nocturno de Sevilla, como se reflejan en algunos comentarios, algunos despectivos y críticos, de la prensa de aquella época. No es de estrañar que las mujeres que se dedicaban al cante tenían ciertas dificultades para llevar una vida normalizada y no se tengan referencias directas de su actividad.

La llegada de la Serneta a Utrera coincide, mas o menos, con el nacimiento de tres figuras eseneciales en la continuidad de los estilos de Utrra, como fueron Juan Moreno Jiménez “Joaniquí”, Jerez 1862; Fernado Peña Soto “Pinini”, Lebrija 1863; y Rosario Torres Vargas “Rosario la del Colorao”, Utrera 1869. El primero porque dejó el sello de su soleá, el segundo porque además de crear esa cantiña arromerada de sello personal, fue el abuelo de Fernanda de Utrera y la tercera porque fue la transmisora de los cantes de La Serneta y porque fue una excelente cantaora de tonos bravos y rico aire de fuerza expresiva para soleares, cantiñas y bulerías de Utrera.

Plaza del Altozano. Utrera (Sevilla) a principios del siglo XX.

Al final de su vida, parece que tuvo problemas económicos, ya que se celebró, en Utrera en 1895, un acto en su favor organizado por D. Antonio Chacón. Éste fue un gran admirador del cante de la Serneta, que venía a escucharla, expresamente a Utrera, y que coincidió con ella, parece ser, en el café de Silverio, en el Chacón estuvo 9 meses seguidos cobrando la astronómica cifra de 16,5 pesetas diarias,

El cante de La Serneta, considerando así a la soleá de Utrera, ha sido cultivado por muchos intérpretes, Rosario la del Colorao, El Pinini, María Peña, Fernanda de Utrera, Juan Breva, D. Antonio Chacón, Manuel Vallejo, Pastora Pavón y Tomás Pavón. Su letra mas reconocida dice:

Fui piedra y perdí mi centro,
y me arrojaron al mar,
y a fuerza de mucho tiempo,
mi centro vine a tomar.
Las que pasó Jesús,
y como tu no te rebeles,
más grandes las pasas tu.

Una calle del sevillano barrio de Triana, en los tiempos de La Serneta.

La Serneta fue también una reconocida intérprete de soleares de Triana, siguiendo el estilo de La Andonda que también ejecutaron Silverio Franconetti, Ramón El Ollero, Fernando el de Triana, Pastora y Tomás Pavón, Pepe Pinto, Pepe de la Matrona y Antonio Mairena. (Texto: La Platería de Granada).


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